Deudos al acecho

Dejó numerosos deudos la derrota del correísmo en Ecuador. De México hasta Argentina, de España a Rusia, los socialistas del Siglo XXI, a quien les une un marcado desdén por la democracia liberal y no pocas acusaciones y sentencias de corrupción, dejaron de lado, por minutos, su arrogancia moral y su impronta agresiva, para expresar felicitaciones al presidente electo. Por sus modos y antecedentes resultan poco creíbles.

Los deseos de éxito a Guillermo Lasso manifestados por Andrés Arauz y Rafael Correa se sostienen con alfileres. Confirmada la derrota del candidato, el Grupo de Puebla, donde se mueven y son admirados estos dos políticos, así como Maduro, Lula y Evo Morales, entre otros, difundió un comunicado felicitando al perdedor por “el excelente trabajo realizado”, así como “por haber sorteado todo tipo de obstáculos y amenazas”. Al Presidente electo no le dedicó ni una palabra.

Lo sucedido en Ecuador “debe alertar a los sectores progresistas latinoamericanos sobre la presencia de una fuerte polarización ideológica de la democracia que, apoyada por poderes fácticos con recursos económicos y mediáticos, busca dividir y fragmentar a los sectores progresistas a través de campañas como las guerras jurídicas (‘lawfare’) encaminadas a deslegitimar a sus líderes”, añadió el Grupo, que envió sus propios observadores a las elecciones ecuatorianas.

Los chavistas, correístas, alvistas y grupos similares que propugnan terminar con la democracia liberal y sustituirla por una “popular”, se afanaron por que triunfe Arauz. Usaron todas sus baterías, desde los infaltables trolls, hasta un conjunto de mentiras puras y duras, pasando por el apoyo de medios de comunicación militantes.

Fracasaron pero seguirán al acecho. Sus postulados se inspiran en el Foro de Sao Paulo, en cuyos documentos se indica que “el neoliberalismo es un arcaísmo que lo estamos botando al basurero de la historia, de donde nunca debió haber salido”.

La democracia actual debe ser sustituida por una popular, eso derivará en un nuevo orden donde las fuerzas progresistas controlarán el Estado y sus instituciones, incluidas las fuerzas armadas, sostiene el Foro.

La intención es acabar con la democracia liberal. Estos rasgos ideológicos se vieron reflejados durante los gobiernos de Correa y Morales y se palpan con dureza en Venezuela y recientemente en México, con el presidente Andrés López Obrador. En este país viven varios de los ex correístas huidos de Ecuador. Durante la campaña de Arauz, fue un centro de operaciones de ese sector.

Las felicitaciones al nuevo presidente ecuatoriano se toman con pinzas. Veremos cómo actúan sus legisladores. Dudo que estén disponibles para apoyar a un gobierno emanado, como dice el Grupo de Puebla, de la influencia de “poderes fácticos”. Los ataques a Lasso y los obstáculos que enfrente, arreciarán desde el correísmo y sus aliados extranjeros. Disponen de recursos, tienen sed de revancha y creen ser moralmente superiores.