Lolo Echeverría

La conjura de los corruptos

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Sábado 03 de abril 2021

Una sociedad que se ve sometida a las necesidades de un grupo de corruptos que solo busca liberarse de sus grilletes en los tobillos y en la mente, debe estar sometida a alguna suerte de conjura. La provincia, paralizada con el grillete de la Prefecta, la ciudad inmovilizada con el grillete del Alcalde y el país amenazado por la condena del expresidente, completan la conjura de los corruptos para someter el país a la urgencia única de los complotados: liberarse de los lazos de la justicia. Es la misma conjura que amenaza a Brasil con Lula, a Argentina con Cristina, a Bolivia con Evo. Ninguno permitirá, mientras puedan, que algo se mueva hasta que hayan sido liberados de las tenazas judiciales que les aprietan.

Lula amenaza, en Brasil, con pasar de la cárcel al palacio de gobierno gracias a un juez que opina que otro juez no ha sido imparcial. Cristina amenaza, en Argentina, con nombrar sus propios jueces para que anulen todos los juicios en su contra. Evo amenaza, en Bolivia, con declarar ilegal todo lo ocurrido desde que salió corriendo de su país. Correa amenaza, en Ecuador, con poner un presidente que le transforme de fugitivo de la justicia en asesor principal del gobierno, según decía el candidato cuando tenía memoria.

Por catorce años hemos estado sometidos a las más abyectas formas de corrupción, desde sobreprecios en contratos de obras ilusorias hasta robos en la compra de fundas para los muertos. Ni podemos ni debemos olvidar lo que hicieron políticos corrompidos que han pasado de un partido a otro, de una mentira a otra, de un negociado a otro. Ahora han vuelto a unirse todos los legisladores de Alianza País incrustados en la Asamblea Nacional, los leales y los traidores, todos resultaron iguales.

Desgracias como las que hemos vivido conducen a los electores a utilizar el voto como protesta y como castigo. Como mecanismo de defensa deberíamos rechazar a cualquiera que pertenezca al pasado de corrupción, aunque actúen solapadamente, aunque pretendan hacernos olvidar el pasado hablando de futuro.

El populismo de izquierda siempre ha cultivado la obsesión por el pasado, con modelos económicos fracasados, con el rescate de héroes idealizados, incluso desenterrando muertos para hacer de la política un melodrama nacional. ¿Cómo es que ahora quieren desprenderse del pasado que les avergüenza y les asusta? Ha llegado la hora de rechazar, como sociedad, la corrupción que nos ha destruido.

Si la izquierda no se hubiera ensuciado las manos y no se le hubiera obnubilado la mente, le habría obligado a la derecha a cambiar su programa y su estrategia, le hubiera empujado a plantear mecanismos para evitar el empobrecimiento de la mayoría, soluciones para el problema de la inseguridad y fórmulas para cobrar debidamente los impuestos. La izquierda y la derecha, solo sirven cuando la una le obliga a la otra a intentar una política civilizada.