Ernesto Albán Gómez

¡Concursos!

valore
Descrición
Indignado 3
Triste 2
Indiferente 2
Sorprendido 2
Contento 40
Martes 01 de diciembre 2020

En plena realización del concurso para llenar algunas vacantes en la Corte Nacional de Justicia, las noticias que se han difundido son poco alentadoras.

Quejas, retiros, fallas técnicas, dudas. Tal parece que los concursos para la designación de los jueces del más alto nivel están condenados a la controversia.

Se trata de un tema que merece algo más que comentarios pasajeros.

En principio, el concurso para la designación de ciertos funcionarios aparece como un procedimiento apropiado. Se muestra como más democrático, pues está abierto a la participación universal; y más confiable, por cuanto los designados lo son por haber alcanzado los más altos puntajes; y no por pertenecer a determinado partido o grupo o por tener recomendaciones de personajes influyentes.

En principio; pero, desde que entró en vigencia la Constitución de Montecristi y los concursos se volvieron obligatorios para casi todas las designaciones de alto nivel, los resultados de los concursos han sido insatisfactorios.

¿Cuál fue el balance de los concursos durante el correísmo?

Se premió a los incondicionales del régimen, se prefirió la mediocridad y primó el oportunismo.
Potenciales candidatos con altos merecimientos para ocupar las posiciones que se promovían se abstenían de participar, pues se podía anticipar quiénes iban a ser los escogidos.

Los concursos entonces se desprestigiaron. Me temo que siguen siendo sospechosos, pues hay que recordar que, en su gran mayoría, los concursos son manejados por el inefable Consejo de Participación Ciudadana.

Una razón más de emergencia constitucional.

Pero volvamos al concurso para la Corte Nacional. Considero que un concurso, tal como se lo lleva, no es el mejor mecanismo para llenar las vacantes.

Y anoto una razón adicional. Lo más probable, tal como ocurrió en la última ocasión, es que los mejor puntuados provengan, todos o casi todos, del ámbito judicial.

Y está bien que un juez aspire a culminar su carrera en el más alto tribunal; pero la Corte necesita también el aporte de profesionales en libre ejercicio y de académicos, y estos no suelen participar en los concursos.

La Constitución, a pesar de su devoción por los concursos, prevé formas diferentes de designación: el Procurador del Estado y los superintendentes son designadas de ternas que propone directamente el presidente de la República; los integrantes de la Corte Constitucional se eligen de entre candidatos presentados por las funciones del Estado, en una especie de concurso, limitado por el número de participantes, seleccionados ya previamente por sus méritos.

Esperemos que esta sea la última vez que las vacantes de la Corte se llenen mediante estos concursos, con prueba psicológica incluida.