Francisco Carrión Mena

Algo para alegrarse

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Martes 20 de octubre 2020

Las Naciones Unidas han ido perdiendo eficacia en lo que fue el motivo de su creación hace ya 75 años: el mantenimiento de la paz y la seguridad en el mundo. Cierto es que podría decirse que desde que existe la Organización no ha habido un tercer conflicto mundial convencional, pero la innumerable serie de guerras regionales o bilaterales por razones territoriales, religiosas o étnicas no ha podido ser evitada y siguen muriendo seres humanos por la violencia.

No obstante, esa tarea prioritaria y razón de ser de las Naciones Unidas después de la II Guerra Mundial, la otra tarea que por disposición de su Carta asumió la ONU fue la promover el desarrollo y la cooperación internacional de los pueblos del mundo a través de organizaciones especializadas en el ámbito del desarrollo humano. Estas agencias fueron creciendo y haciendo aportes relevantes, silenciosos pero efectivos, para reducir la brecha entre ricos y pobres buscando, en definitiva, preservar la paz. Unesco (ciencia y cultura), FAO (alimentación y agricultura), OIT (asuntos laborales), Unicef (protección de niños y adolescentes), son, entre muchas otras entidades, son las que trabajan de manera eficiente y profesional por mejorar el nivel de vida de las personas y al menos reducir la grieta socioeconómica entre países desarrollados y en desarrollo.

Esta vez se ha hecho justicia con una de esas organizaciones: el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que tiene a su cargo la responsabilidad fundamental de proveer de alimentos a los países más retrasados del planeta. Lo ha hecho con mucha generosidad y eficiencia y por ello se le ha otorgado hace unos días el Premio Nobel de la Paz. El máximo galardón de la humanidad. Nada más justo porque sin alimentación no se puede vivir en paz y, algo que exige una reflexión: no permitir que el hambre se constituya en un arma de guerra.

Y le ha tocado a una brillante mujer ecuatoriana, Carmen Elena Burbano de Lara, compartir ese premio con el equipo que lidera el PMA por su incansable trabajo, quien, a través de sus 16 años de experiencia en el Programa, ha sabido capacitar personalmente a gobiernos en nutrición, educación y bienestar en especial de los niños. Ha dirigido programas para evitar la malnutrición, cultivar la salud y alentar la enseñanza.

A pesar de su juventud, su capacidad, preparación y larga carrera, que le han llevado a la Sra. Burbano de Lara a trabajar al Perú, Roma, Colombia, Etiopía, Kenia, Malawi y Tanzania; así como apoyo temporal en desastres naturales a Haití y Nepal, le ha conducido a ocupar una de las más altas posiciones dentro del PMA ocupándose de la División de Alimentación Escolar a nivel mundial.

En esta coyuntura de desesperanza, noticias como ésta alientan a los ecuatorianos, nos dan alegría. Nos hacen recuperar el orgullo y la confianza en nosotros mismos.