Juan Esteban Guarderas

Garrapatas en la Defensoría

Era divertido observar cómo la gente movía su cabeza con incredulidad cuando veían el video de Carrión, Defensor del Pueblo –la autoridad encargada de “la protección y tutela de los derechos de los habitantes del Ecuador” (art. 215 de la Constitución)– agrediendo a una mujer. ¡Qué folclore institucional-político del país! Y, aunque le ampara la presunción de inocencia, yo pensé que renunciaría.

Lo siento lectores, pero nuevamente tendrán que ejercitar la cervical con nuevos movimientos de incredulidad. Ahora, siguiendo con este folclore tan colorido, la Defensoría está dirigida por una persona que, sin sustento legal alguno, se ha autoproclamado Defensora. El 6 de julio se emite un informe jurídico del Cpccs que señala: “Desde el 18 de junio de 2021 la Abg. Zaida Rovira a pesar de haber sido destituida ha emitido resoluciones, pronunciamientos públicos e incluso ha seguido desvinculando más funcionarios del nivel jerárquico superior y de libre remoción, entre los que se encuentran 14 de los 24 delegados y delegadas provinciales.”

El informe señala que no existe base legal para que esta exfuncionaria esté operando la institución y advierte que “se estaría también configurando el delito de usurpación de funciones por parte de la Abg. Zaida Rovira Jurado.” La señora Zaida Rovira, sin fundamento, se ha autodeclarado Defensora subrogante. Así de simple. Así de garrapatoso.

El defensor en Galápagos, Milton Castillo, había logrado hechos inéditos. Demostró que Fiscalía y el Parque Nacional no investigaron a los participantes en el tráfico de tortugas, y logró movilizar a la justicia. Ha sido de las pocas autoridades que ha reaccionado ante la flota china pesquera, poniendo un acto urgente en Fiscalía para que se inspeccione el cargo de los buques. Consiguió la primera indemnización por parte de los barcos peruanos que fueron encontrados dentro de la reserva con especies protegidas. ¿La recompensa por su gestión? Verse removido del cargo por parte de una persona autodeclarada en su puesto y descalificado con argumentos deleznables (que debieran ser investigados).

Me permito hacer dos mensajes. El primero, a la señora Rovira. La forma fundamental de proteger los derechos es respetando y aplicando las leyes. No puede existir democracia, meritocracia ni respeto a los derechos, si se ignoran olímpicamente las normas, ¡incluyendo aquellas que determinan quiénes ocupan cargos de responsabilidad! Una Defensoría encabezada por alguien que la dirige de manera ilegal, es una institución que ya fracasó en sus funciones.

El segundo, al país. La señora Rovira no podría hacer estas piruetas si no tuviera un respaldo político. ¿Quiénes son los “representantes” que la están apoyando? ¿De dónde vienen las personas con las que está poblando la institución? ¡Investiguémoslo!

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