Milton Luna

Educación política en casa

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Miércoles 18 de noviembre 2020

Cuando una población conoce poco sus derechos y responsabilidades; cuando defiende a sus verdugos; cuando es pasiva e indiferente con el destino colectivo; cuando considera que los bienes públicos no son de nadie; cuando piensa que robar al Estado es normal: “que robe nomás, pero que haga obra”; cuando se cruza de brazos ante la violencia, a esta población le despojaron de consciencia política, dignidad, memoria y destino. Nadie le formó para que entienda la realidad, la critique y la cambie. No le enseñaron educación ciudadana, que debía ser transmitida y desarrollada por la familia, la escuela, la comunidad, los medios y el Estado. ¡Ha fracasado la educación!

La consciencia cívica, que es consciencia política, se la edifica en años. No solo es el conocimiento de la historia, de la constitución y de las normas básicas de la convivencia social. Es también la posesión y desarrollo de aptitudes y actitudes propositivas y éticas que le benefician como persona, familia y comunidad.

Por el momento y por un tiempo largo debido a la pandemia, el sistema educativo tendrá serias limitaciones en formar personas comprometidas con la democracia. En su crítica situación las escuelas, colegios y universidades, sin currículo adecuado, sin suficientes profesores capacitados, sin los materiales didácticos pertinentes y suficientes, sin internet, no pueden enfrentar solos el enorme reto de convertir en ciudadanos a millones de niños, niñas y jóvenes.

Los padres y madres convertidos en docentes por la pandemia, tienen que sumarse al sistema educativo en este empeño. La coyuntura electoral es una gran oportunidad para desarrollar ciudadanía. Para aprender que en democracia el gobierno es del pueblo. Que el poder reside en todos. Que a las personas que elegimos a través de un voto para los cargos de Presidente y asambleístas son nuestros representantes. Que como tales ejercen temporalmente nuestra representación. Que si no cumplen tienen que irse a su casa para que otros tengan la oportunidad de cumplir con responsabilidad el servicio público.

En casa debemos auto educarnos para saber que el petróleo, y otros recursos son del Estado, y que el Estado somos todos. Para entender que la convivencia colectiva pasa por conocer y ejercer los derechos, y pagar impuestos. Que los recursos fiscales tienen que ser cuidados y bien invertidos en políticas que las construimos en conjunto, ciudadanos y funcionarios. Que en este ejercicio de corresponsabilidad y complementariedad, está la base de la democracia, única forma de convivir en armonía.

Entonces la educación política es la coraza para repeler a los charlatanes, asaltantes y mesías. Es la que dota de elementos para escoger a los mejores dirigentes. Así, esta ciudadanía vibrante e inteligente discernirá los programas políticos y las vidas de los candidatos y sabrá por quién votar, y por quién no.