Juan Esteban Guarderas

Nuestra diada política

Con la confluencia – mejor dicho avalancha- de propaganda política distinta, la mayoría desinformada, no es fácil encontrar una clara distinción entre derecha e izquierda. El pensador que resolvió esto -desde mi punto de vista de la manera más satisfactoria- fue el italiano Norberto Bobbio.

La política, desde su punto de vista, es un quehacer que se enfoca en procesar el interés y desinterés de un colectivo. Por ejemplo, a una comunidad indígena se le plantea la posibilidad de extraer petróleo de su territorio, entonces se genera una discusión de interés en explotar los recursos o desinterés.

Cuando se trata de hechos, cada una de esas opciones, sí y no, generan posiciones políticas. Y, no hay tal cosa como el centro, no se puede querer y no querer al mismo tiempo. Es decir, ¿fumamos o no fumamos? Sí, pero solo en los eventos sociales. Es decir, sí, se fuma. ¿Queremos un Metro para Quito? Sí, pero solo una línea. Es decir, sí, hay un interés, es limitado, pero hay un interés.

Las ideologías nacen cuando no estamos frente a un hecho, sino frente a un valor. Por ejemplo, las tradiciones: a favor, conservadurismo; en contra, progresismo. Cada valor por el que debatimos genera ideologías distintas.

De manera histórica, hay un combate fundamental de los seres humanos. Hay unos que quieren que cambie el status quo, hay otros que no. Hay unos que defienden sus privilegios, otros que contestan y reclaman condiciones de paridad. Esta discusión, en torno al valor de la igualdad, ha dado pie a la división ideológica más importante (desde múltiples criterios: volumen de conflictos, elaboración teórica, etc.), la derecha y la izquierda.

Es válido discutir en estos términos la actualidad ecuatoriana. Pero, considero que no es el debate ni la militancia más interesante, hay otra diada, otra dupla de alternativas ideológicas más crucial.

En el Ecuador hay dos campos muy definidos y donde se plantea la batalla más cruenta, grave y trascendental. El valor frente al que nos dividimos es la legalidad. Un campo quiere botar por el caño el sistema legal e institucional, quiere ser corrupto, lucha políticamente para impedir consecuencias a los delitos. Y, hay otro cúmulo de personas que luchan por el Estado de Derecho, por la legalidad, por que haya normas que se respeten, que los actos tengan consecuencias y responsabilidades.

El primer campo (lo que yo llamo populismo individualista) sería la ideología de la mafiocracia. Quienes defendemos las normas, los legalistas.

UNES – con su protección de Eckenner Recalde, sus intentos de liberar a Glas, etc. – claramente trabaja por una mafiocracia. Y, aunque no es la tendencia mayoritaria del país, es el partido con mayor respaldo. Lo que no significa que no haya elementos de mafiócratas en otros partidos. El campo contrario necesita apoyos urgentes.