Susana Cordero de Espinosa

Del amigo del alma

¿Cómo no hablar del amigo sabio y bueno, hoy en desgracia, a quien conocí en mis ‘pinitos’ políticos que quedaron en eso, hace años?… A pesar de haber estado en la PUCE, primero, como alumna, luego, como profesora, nunca había contado con un grupo de gente políticamente tan sabia, estudiosos todos, que se nutrían del raro ejercicio de pensar a fondo. Tan abiertos como seres humanos, que luego de años de ilusión de cambios políticos en el Ecuador, que durante tanto tiempo se pensó que solo vendrían del mundo comunista, previeron sin nostalgia el acabose del comunismo en el 89…, cuando los países del Pacto de Varsovia pudieron decidir independientemente su futuro; cuando Valessa asumió el poder en Polonia y miles de personas ansiosas de otra vida, de libertad y claridad, hartas de vigilancia, de no poder leer a los autores que amaban, de apenas poder viajar hacia occidente, comenzaron a moverse… La caída del muro de Berlín fue el definitivo milagro: derruido ese símbolo del telón de acero, Vaclav Havel, Premio Príncipe de Asturias 1997, es elegido presidente de Checoslovaquia, y la sublevación popular acaba en Rumania con la dictadura de Ceaucescu y de su esposa Elena, ejecutados el día de Navidad de ese mismo año.

Evoco sus muestras de afecto y amistad, nuestras charlas y préstamos de libros de poesía: Borges, Cavafi, “no hay otro
lugar, siempre el mismo puerto terreno / y no hay barco que te arranque a ti mismo”… De Neruda, de quien, a pesar de su adscripción al partido comunista de Chile, hablábamos menos; sabíamos que era egoísta, ‘belicoso, resentido e implacable con sus rivales’; que en París pudo haber ayudado a vivir a nuestro amado César Vallejo, que, literalmente, moría de hambre, pero, (lo cuenta Juan Larrea, uno de sus mayores intérpretes), “Neruda impidió que se le confiara a César Vallejo un trabajo retribuido que le correspondía y que quizá lo hubiera salvado”… En las reuniones políticas oíamos análisis críticos a veces tan abstrusos que resultaban difíciles de entender, trufados de historia, antropología, filosofía, sociología, en fin, aunque llenos de respeto por los conocimientos y desconocimientos de los demás. Entonces lo conocí y lo admiré, y conocí a Soledad y a su hija y empezó entre todos una bella amistad en honor de la cual hablo hoy. Como contralor hizo cuanto pudo para descubrir las estafas de tantos sinvergüenzas, empezando por Pólit, hoy huido.

Si lo nombró y apoyó el querido, inolvidable Julio César Trujillo, no cabía dudar de su valor. ¿Cabe ahora?: ¡No, mientras no se pruebe su culpabilidad! León Roldós, hombre íntegro, se pregunta ‘¿Tan caretucos? ¿Será?’ y dice: “De mi experiencia, las resoluciones de la Contraloría solo se dan cumplidos procesos. ¿En el caso de NoLimit C.A,. qué consta en los respectivos procesos?’… Querida señora Fiscal, creemos en usted, pero también creemos, mientras no se pruebe lo contrario, en la inocencia del incomparable amigo, del hombre de bien, bueno y sabio, de Pablo.