Washington Herrera

Abismo social

La desigualdad creciente que constatamos reclama de la sociedad ecuatoriana acuerdos esenciales sobre temas trascendentes. La caída de la clase media vulnerable al segmento de pobres podría llevarnos a un fenómeno de causa y efecto como los estallidos sociales en Colombia, Chile y Perú, que pueden marcar el destino de Latinoamérica. Entonces el presidente Lasso en base a su credibilidad tiene que cambiar las políticas públicas en todos los ámbitos, para alejarnos del abismo social que vivimos.

Como no hay soluciones mágicas se precisan acuerdos duraderos mediante concesiones a la realidad que deberán hacer la élite económica y la clase empobrecida, en temas que necesitan procesos fundamentales de cambio y no solo medidas apresuradas. Un presidente de la derecha política y económica, con voluntad política fuerte y autoridad moral puede ser comprendido por todos para que la sociedad acepte sacrificios transitorios para mejorar la situación a mediano plazo.

Si la gente percibe que hay un gobierno honesto y certero aceptará las reformas del sistema fiscal que está pensando el ministro Simón Cueva para abolir las exenciones tributarias, los privilegios amasados con gobernantes débiles, de modo que se cierren las vías para la elusión y evasión fiscal, que según la CEPAL alcanza a los USD 7 000 millones cada año. Pero no se puede soslayar la idea de un impuesto que emane de la solidaridad ni desechar la idea de priorizar tributos de difícil evasión. De otro lado, está demostrado que las inversiones serias no vienen solo porque les exoneren del impuesto a la renta sino cuando hay condiciones seguras de rentabilidad.

Lasso está en lo correcto cuando pretende aumentar la producción de agua de buena calidad, alcantarillado y disminuir la desnutrición infantil, tareas que serán primordiales en las zonas olvidadas. Estoy seguro que para estos fines no habrá oposición de los asambleístas, para que no suceda lo del Perú, que muestra buenas cifras macroeconómicas pero malos servicios públicos.

Las obras imprescindibles de infraestructura deben estar a cargo de la empresa privada que recuperará sus inversiones con los rendimientos de esos proyectos. Si seguimos el ejemplo de Paco Moncayo que decidió la construcción del Aeropuerto de Quito, sin que el Municipio invirtiera un centavo, a condición de que el inversor recupere sus dineros y luego del plazo convenido entregue a Quito la propiedad del aeropuerto, se pueden hacer carreteras para sacar a los puertos y sitios de consumo a la producción ecuatoriana con peajes justos.

Ningún asambleísta va a estar en contra de una política redistributiva en todos los ámbitos. Los asambleístas de Pachakutik e Izquierda Democrática que fueron repentinamente electos deben comprender que se acabó el populismo contraproducente para los pobres.

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