Rodrigo Borja

Demagogia

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Domingo 26 de noviembre 2017

Según Aristóteles, la demagogia es una forma “impura” de gobierno que resulta de la degeneración de la democracia. El filósofo griego señaló, como formas “puras” de gobierno: la monarquía, la aristocracia y la democracia, en razón del número de personas que ejercen el poder. Dijo que la monarquía es el gobierno de una persona, la aristocracia de algunas personas escogidas y la democracia es el poder del pueblo. Y explicó que cuando se suplanta el interés general por el interés particular de quienes gobiernan, la monarquía degenera en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en demagogia.

Este fue el significado original de la palabra en sus fuentes griegas. Aristóteles definió al demagogo como el “adulador del pueblo”.
En la Atenas democrática de Pericles se daba cabida a todas las opiniones, incluidas las de los oscuros demagogos y agitadores que, como Cleón e Hipérbolo, causaban grandes alborotos en las asambleas públicas arremolinadas en el ágora —que era el centro de la vida política y cultural de Atenas—, donde los dos demagogos pretendían echar sombras sobre la integridad moral del gran Pericles, gobernante de Grecia y constructor del Partenón de Atenas, que es una de las “siete maravillas del mundo”.

Hipérbolo, en las asambleas públicas, adulaba al “demos” y pretendía seducirlo para sus propósitos. Era exaltado, violento, disociador, inescrupuloso, irresponsable y cínico. Y además bufonesco, porque todo demagogo tiene algo o mucho de bufón.

Más tarde, demagogia significó algo diferente: un estilo engañoso e irresponsable de hacer política, que promete a los pueblos el paraíso terrenal a la vuelta de la esquina. Aplícase la palabra especialmente a la retórica política. Discurso demagógico es el que ofrece lo que no podrá cumplirse, halaga las pasiones de la multitud y juega con sus anhelos.

Genera en los pueblos la “inflación” de la virtud teologal de la esperanza.

Llámase demagogo, por consiguiente, al político que con zalamerías y afectación adula a la masa y le dice sólo lo que ella quiere escuchar. Por lo general es diestro en las artes menores de la oratoria patriotera y hueca. Pero es siempre un conductor conducido porque está sometido a la voluntad y querencias de la masa.

La demagogia cobró gran impulso en el siglo XX con la masificación de las sociedades y el ascenso de las multitudes al escenario de la historia. Ella es no solamente una práctica política sino una manera de ser y de pensar, que lleva envuelta una ética, o sea un sistema de valores deontológicos. El demagogo es siempre una persona irresponsable, egoísta, guiada por una irreprimible ansia de mando, que no piensa en el interés general y que se parapeta detrás de la multitud para dar curso a su lujuria de poder.