Marco Arauz

Clonar a Julio César Trujillo

valore
Descrición
Indignado 5
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 1
Contento 26
Domingo 23 de junio 2019

Una imagen vale por mil palabras: el caos en el redondel de la plaza Artigas refleja sin atenuantes los problemas del tránsito quiteño. Los venezolanos pidiendo caridad con sus hijos en las esquinas son la constatación de que no hay política de Estado ni conciencia de un problema humanitario que solo se irá agravando.

En cuanto a las personas y a los personajes públicos, hay imágenes y acciones un poco menos rotundas pero que también ayudan a adivinar las cimas y los precipicios de su alma y de su mente. El padre Carlos Tuárez, presidente del Consejo de Participación Ciudadana, solo ha necesitado unas cuantas apariciones para irse pintando de cuerpo entero.

Con un gran afán de figuración, sin ocultar el deseo de aprovechar el significado de la religión católica para una mayoría de la población, proyecta una visión de las cosas voluntarista y populista. Y recurre a conocidas teorías de la persecución política para enfrentar las denuncias sobre supuestas falsedades en su hoja de vida, su pasado político y sus actividades económico-religiosas.

La Secom no dio paso a un pedido suyo para que se transmitiera un mensaje el domingo último, porque consideró que no era de interés público.
La verdad sea dicha, habría sido interesante que la ciudadanía escuchara lo que Tuárez plantea al frente de una entidad que debía haber desaparecido luego de que los consejeros transitorios lograron poner un poco de orden en la institucionalidad destruida por la concentración del poder correísta.

Acosado por las evidencias, a Tuárez no se le ocurre mejor cosa que aplicar metáforas evangélicas a la situación nacional, seguramente para aparecer como redentor. Ante tales disparates, resulta inevitable pensar en su antecesor, Julio César Trujillo, su gran honestidad intelectual y su desapego a la vanidad o a la riqueza. Tuvo algunos defectos, pero nadie podrá negar sus cualidades y sobre todo la rara distinción de haber muerto en el cumplimiento del deber autoimpuesto.

Esencialmente, el Consejo, una deformación del sistema democrático inventada para cooptar la participación ciudadana e institucionalizarla como una dependencia del Ejecutivo, debía desaparecer una vez que se lograra poner un poco de orden en los organismos de control. El mandato popular emanado de la consulta del 2018, sin embargo, dispuso que se eligiera a los consejeros.

Queda la posibilidad de otra consulta, tal como la que empezaba a impulsar Trujillo, para extinguir al Consejo. Ya se sabía que ese iba a ser el espacio en el cual iban a tratar de enquistarse las fuerzas que no lograron recuperar el paraíso perdido en las seccionales.

Mientras el organismo subsista, hay que buscar entre sus integrantes a alguien que pueda manejarlo con sensatez. Alguno de ellos sí puede clonar a Trujillo, no a la persona en sí misma pero sí sus méritos.