Miguel Rivadeneira Vallejo

CIDH derrumba otra farsa

La Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) ha derrumbado otra de las tantas farsas de la década del correísmo al declarar la responsabilidad internacional del Estado ecuatoriano durante esa administración por la violación a los derechos de la libertad de expresión, el principio de legalidad, protección y garantías judiciales y otras vulneraciones en contra del articulista Emilio Palacio y directivos de diario El Universo, sentenciados por la justicia a la que le metió la mano el autoritario.

Todo por el artículo “No a las mentiras” que escribiera Palacio el 6 de febrero del 2011, en donde criticara la actuación del Presidente en los hechos del 30 S y terminara advirtiendo que en el caso del ataque al hospital de la Policía, en donde se metiera prepotente el mandatario luego de ir a desafiar a los policías del Regimiento Quito, que los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

Como todo populista y demagogo, que no reconoce nada y persevera en las falacias y vende mentiras, resulta que la culpa del fallo de la CIDH (en la que trabaja un cercano ex colaborador de su régimen y ex integrante de la cuestionada CC) es del Procurador del Estado por no haber defendido lo indefendible. Tamaña audacia con la que quiere justificar sus violaciones.

Al contrario, el abogado del Estado tendrá que impulsar una acción ante la justicia para que se procese el derecho de repetición en su contra. La Constitución, art. 11, numeral 9, dice: el Estado ejercerá (mandatorio) de forma inmediata el derecho de repetición en contra de las personas responsables del daño producido, sin perjuicio de las responsabilidades civiles, penales y administrativas.

La CIDH considera que la sentencia condenatoria impuesta al escritor por el supuesto delito de “injurias calumniosas graves contra la autoridad” y la sanción civil impuesta constituyeron una violación a la libertad de expresión. Otra muestra más del sainete que constituyera el 30 S. Primero se habló del secuestro del Presidente, sin fundamentos ni guardar por lo menos las apariencias cuando no hubo tal. Estuvo retenido (no secuestrado) según el testimonio del jefe del Comando Conjunto de FF.AA.

Semanas antes de este fallo, varios policías que fueron a la cárcel, dados de baja de la institución, destruidas sus familias y que vivieran un drama humano, fueron reivindicados por la justicia al revisarse sus sentencias condenatorias de manera definitiva y declararles inocentes, pero quién les repara el daño que les irrogara ese régimen abusivo del poder.

Ojalá esta sentencia de la CIDH abra los ojos a organismos internacionales, la Interpol, abogados y actores del exterior que viven comidos el cuento de la supuesta víctima de persecución política y así han deslegitimado la sentencia condenatoria por corrupción y delincuencia organizada en el caso Sobornos.