Aura Lucía Mera

¡Chapeau!

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Viernes 18 de octubre 2019

Desde Madrid he seguido, paso a paso esos turbulentos días que sacudieron Ecuador, mi patria del corazón. A veces con el alma arrugada, otras con mucho temor de que todo se saliera de madre como decimos en Colombia, pero algo me susurraba internamente que todo volvería a sus cauces normales...

El artículo de EL COMERCIO de Vicente Albornoz Guarderas titulado El Padre del Odio me llegó al alma. Lo comenté en una columna que escribo para diario El Espectador en Colombia. Reflexioné. Es cierto que nos enseñan a odiar. A odiar hasta llegar a extremos dementes e irracionales. Así empezamos en Colombia hace casi un siglo, cuando por ambiciones políticas se rompió para siempre nuestro país y de repente Conservadores empezaron a perseguir y matar Liberales, y se inició esa violencia absurda que no hemos, podido detener.

Vecinos de toda la vida ya eran “enemigos”. Empezó el éxodo. Una guerra civil no declarada. Una tregua durante el Frente Nacional, y posteriormente el inicio de las guerrillas, los paramilitares, el ejército cómplice... y más muertos... que no terminan... Porque nos siguen enseñando a odiar y ya lo tenemos incrustado en los genes.

Ecuador nos acaba de dar una lección .Una lección de dignidad. La Conaie supo alejarse de los vándalos, de aquellos que rezumaban odio y querían la destrucción, el golpe de estado, la barbarie, para satisfacer su sed de venganza y resentimientos. Correa dispuesto a apoderarse de nuevo del poder, y sus áulicos destrozando en país. La Conaie supo demarcarse del caos y no permitió que la avalancha del desmadre la arrastrara.

El Presidente Lenin Moreno tuvo la serenidad e inteligencia para manejar la, situación, y dialogar. Supo detener, en su momento más álgido, esa locura colectiva que se propagaba como el cólera y hubiera podido desatar una guerra civil.

Qué fácil es desatar el odio colectivo. Ese tsunami demencial que cuando se desboca no hay quien lo detenga. Que peligro estar caminando de pronto en el filo de esa navaja mortal.

Presidente Lenín Moreno. La historia lo recordará siempre como el mandatario que evitó la fractura irreparable de su país. Ojalá Colombia aprendiera algo de esa lección que usted Presidente le acaba de enviar al mundo entero. ¡Chapeau!

PD.- Las imágenes de los ciudadanos limpiando los desastres y pintando las fachadas de las casas teñidas de odio son el mejor testimonio del amor de los quiteños por su ciudad.

La carita de Dios, volverá a iluminar con su luz esa ciudad mágica, llena de leyendas, tradiciones, atardeceres dorados, nevados altivos y rincones encantados seguirán, adelante, haciendo camino al andar.