Thalía Flores y Flores

Vergüenza de asambleístas

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Jueves 13 de septiembre 2018

Haciendo malabares con las palabras, un asambleísta que ha cambiado de pelaje ideológico y hoy es señalado por exacción a su asesora, intenta explicar su inconducta, sin conseguirlo. Tampoco puede aquella cuyo marido habría sido el cobrador de los diezmos a sus colaboradores. Mientras una tercera que integra la Comisión de Derechos de los Trabajadores que ella los violenta, no sabe cómo ocultar su doble rasero.

La Asamblea Nacional ha sido incapaz de sacudirse las taras de prácticas corruptas de antaño, y hoy las replica bajo nuevas modalidades, probando que la corrupción se reinventa, mimetiza y enseñorea en el Ecuador.

La trama que involucra a anteriores y actuales asambleístas de distintas bancadas da cuenta de perversas acciones reñidas con la ley. Se denuncia la exigencia de diezmos para un movimiento político, el retiro de un porcentaje del sueldo de los empleados y asesores para pagar cuotas del carro, comprar la lista del supermercado, adornos navideños y hasta regalos para los cónyuges de los legisladores. Todo esto configura una tormenta moral que evidencia el fracaso ético colectivo.

Los ecuatorianos hemos soportado más corrupción de la que un país es capaz de aguantar sin rebelarse y exigir sanciones. El espíritu de cuerpo que suele impedir se haga justicia tiene que ser desechado, pues envilece a la sociedad.
Aunque se habla de cohecho y concusión, todavía no se han definido, de manera precisa, las figuras penales de los repudiables excesos de los asambleístas, pero seguro tiene también que ver con el delirio del poder, que debe hacerles suponer que al ser proveedores de trabajo tienen prerrogativas para quedarse con parte del salario.
Pedir la intervención de la Contraloría y la Fiscalía está bien, pero es insuficiente. Se impone una profunda investigación casa adentro hasta llegar a la autodepuración. Así demostrarán que la lucha contra la corrupción de la que alardean, es genuina. Quienes no han cometido ningún acto reñido con la ley y la ética deben propiciar una sanción ejemplar, que haga pedagogía y sirva de escarmiento. Y conseguir que los perjudicados sean resarcidos.

Resulta inverosímil, que en estas circunstancias, ciertos legisladores se jacten de que la Asamblea haya expedido leyes y convocado a comparecer a funcionarios, olvidando que es su obligación. Y que otros se ufanen de los juicios políticos, censura y destitución al contralor Pólit, al fiscal Baca Mancheno y a su presidente Serrano, cuando fueron sanciones post mortem a funcionarios que, dada su reputación, políticamente habían dejado de existir.

Los parlamentarios tienen que promover una limpieza de la Legislatura. No se trata de que practiquen la ascética; no están para eso. Pero sería inadmisible que conviertan a esa Función del Estado en el sarcófago de los valores morales, al desestimar estas repudiables conductas y socapar a unos cuantos asambleístas que dan vergüenza.