Sebastián Mantilla

Grafitis en Quito

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Miércoles 19 de septiembre 2018

Si en décadas pasadas, principalmente en los setenta, ochenta y noventa, la mayor parte de grafitis que había en la ciudad de Quito tenían que ver con consignas políticas, en la actualidad éstos responden a otras motivaciones. Me refiero especialmente a los que se pueden encontrar en ciertas zonas de la capital (zona sur, norte, valles, etc).

Como soy neófito en esta materia no puedo afirmar con propiedad si lo que se encuentra en un número cada vez más abundante de muros, fachadas y barrios de la ciudad podría considerarse como arte, obras poéticas, acciones vandálicas o agresiones al espacio público.

No obstante, este tema ha comenzado a volverse noticia y a convertirse en un problema serio para las autoridades locales cuando, hace pocos días atrás, 20 personas (jóvenes supongo) irrumpieron en el predio donde se alojan los flamantes vagones del nuevo metro de Quito y procedieron a llenarnos de grafitis a uno de ellos.

El alcalde de Quito, al igual que en meses pasados cuando “declaró la guerra al grafiti”, catalogó estos hechos de vandálicos, señalando que se activará un sistema de recompensas para dar con los autores de este delito. La situación es complicada para el municipio ya que hasta agosto pasado han sido pintados grafitis en cerca de 1500 edificaciones del centro histórico de la capital.
¿Qué hacer al respecto? ¿Poner tras las rejas a estos “desadaptados sociales, pandillas, jóvenes agresivos provenientes de hogares sin educación, etc.”? No. Cuando se analiza el problema en su globalidad creo que la solución va por otro lado.

Y aunque no justifico lo realizado con uno de los vagones del metro, así como con los muros y fachadas de 1500 edificaciones del centro histórico, quiero tratar de explicarme el motivo que puede estar detrás de estas acciones. Y lo que veo es que aunque unos pocos grafitis podrían ser considerados como arte u obras poéticas, muchos de estos son la expresión violenta o no de sectores que han sido excluidos de la sociedad. Sí, marginados, segregados y rechazados por el resto de la colectividad.

No me alienta saber que este tipo de manifestaciones son propias de las grandes ciudades. ¡Que comenzamos a parecernos a Nueva York, Berlín, Barcelona o París! Es que justamente estas ciudades no son el modelo a seguir. Son un ejemplo de la exclusión, marginación e incomprensión hacia los jóvenes.

Por ello, en lugar de criminalizar y estigmatizar lo que está sucediendo con el aumento de los grafitis en la ciudad deberíamos preguntarnos lo que está pasando con nuestros jóvenes. ¿Qué programas y acciones concretas se han emprendido en favor de los jóvenes el Municipio de Quito?

Sin temor a equivocarme creo que también en esto está fallando la actual administración municipal. Incluso en esto yo sería un poco más radical. ¿Por qué no hacemos un concurso de grafitis para que el ganador vuelva a pintar el vagón del metro? ¡Podría quedar muy bonito!