Rodrigo Borja

Agricultura

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Domingo 16 de septiembre 2018

Es el arte de cultivar la tierra. Se inició cuando los grupos primitivos se tornaron sedentarios y aprendieron a labrarla para extraer de ella sus frutos. Sin abandonar la caza, la pesca y la recolección de productos formados —que fueron las tradicionales actividades “económicas” de las hordas y los clanes durante largo tiempo— el hombre hizo de la agricultura su más importante medio de subsistencia y fuente de riqueza, juntamente con el apacentamiento de ganado domesticado.

Según investigaciones antropológicas, arqueológicas e históricas, el hombre primitivo abandonó su nomadismo y se hizo pastor y agricultor en las tierras del Oriente Medio entre los años 9.000 y 7.000 antes de nuestra era. Y cultivó el arroz, el mijo, la col, los cereales y los rizomas. El ganado empezó a ser domesticado durante este período. Es probable que ciertas variedades de trigo —”triticum monococcum” y “triticum turgidum”— hayan sido cultivadas siete siglos antes de nuestra era en los actuales Irak e Irán. Y todo parece indicar que hubo cultivos de fréjoles, arvejas, calabazas y nueces en el norte de Tailandia alrededor del noveno milenio. La producción de maíz en América comenzó en la región mexicana de Tamaulipas alrededor del año 3.500 antes de la era cristiana, aunque hay investigadores que afirman que eso ocurrió mucho antes. El arroz empezó a cultivarse en China en el cuarto milenio y el trigo fue introducido 1.300 años antes de nuestra era y poco tiempo después la cebada. En Europa, que estaba habitada por cazadores y recolectores, la agricultura llegó más tarde desde Grecia. Y en los bosques postglaciales situados a lo largo del Danubio se introdujo el cultivo de los cereales.

La agricultura significó una profunda transformación en la forma de vida y modo de producción de los pueblos primitivos. Contribuyó a mejorar las condiciones de la vivienda, a formar caseríos, a perfeccionar herramientas, a afinar las costumbres y a sociabilizar a la gente. Con ella advinieron las técnicas de la ruptura del suelo, de la siembra, de la irrigación, de la cosecha y del almacenamiento de alimentos. Y, después, la rotación de los cultivos y la fertilización de la tierra.

Desde esos remotos tiempos la agricultura ha sido una de las operaciones económicas claves de la sociedad.

A mediados del siglo XVIII apareció la escuela económica denominada “fisiocracia” (del griego “physis”, que significa “naturaleza”, y “krateia”, que es “fuerza” o “poder”) encabezada por Francisco Quesnay —a quien se considera fundador de la economía como ciencia— que sostuvo que la agricultura era la única fuente de la riqueza y que la manufactura y el comercio no hacían más que “reproducir” las cosas dadas por la tierra, a causa de lo cual llamó “clases estériles” a las que se dedicaban a esos menesteres.