Milton Luna

No, pervertidos en las aulas

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Sábado 21 de octubre 2017

La violación sexual es uno de los atentados más brutales contra las personas. Si se lleva a cabo en la soledad de una calle o en el parque, alarma mucho. Pero si se realiza en los colegios, a la plena luz del día y en horas laborables, estremece más. Lleva a pensar, que la agresión no es producto de un desquiciado o una pandilla, sino de un sistema.

Violadores, abusadores sexuales han existido y existirán. Son resultado de situaciones sociales e históricas de violencia, carencias y traumas.

En el ámbito de la educación, las prácticas del abuso sexual, y violación se potencian o se frenan. Se potencian en modelos educativos autoritarios que propician miedo, sumisión y silencio. Se neutralizan en escuelas democráticas y libres que generan diálogo, transparencia, activación de la comunidad educativa.

La violencia es un recurso del poder que lo legitima. La escuela tradicional es un espacio del poder que se nutrió del modelo de la fábrica y de la cárcel. Fábrica para “producir” en serie
personas-robots funcionales al sistema. Cárcel para domesticar y volver sumisos a los educandos. En tal entorno, los pervertidos disfrazados de docentes, investidos del poder de la cátedra, y del control del sistema de evaluación, promoción y notas, ejercen chantaje y miedo en sus alumnas, para dar rienda suelta a sus bajos instintos, amparados por redes de encubrimiento institucionales, familiares o políticas.

El viejo modelo autoritario de escuela y de sistema educativo se reforzó y recreó en el correato. Se redujeron las garantías democráticas sin las cuales el ejercicio de los derechos humanos en las aulas es inviable. La voz de los estudiantes se extinguió. Se saturó el trabajo docente. La escuela se desbordó por múltiples demandas. Con la masificación creció la violencia. El centralismo mató la creatividad e innovación, devaluó la pedagogía y bloqueó el espíritu libre. Propició el clientelismo, y el reinado de los abusivos y mediocres. En el correato no solo se debilitó a la sociedad. Sacó a flote sus peores creencias de origen colonial: patriarcalismo, machismo, adulto centrismo. La sociedad se volvió más conservadora y agresiva.

Hay que frenar a los pervertidos. Meterlos presos. Mas, los ex ministros de educación del correato, tienen que asumir sus responsabilidades. Las familias también. Deben hacer un pacto con las escuelas, para que la voz de la niñez sea escuchada, y sus derechos cumplidos. La profesión docente tiene que ser valorada socialmente, y priorizada la formación pedagógica. Pero, sobre todo, el modelo educativo tiene que cambiar. Ir hacia otro con enfoque de derechos y valores, que forme ciudadanos conocedores de la ciencia, pero libres, sensibles y críticos. Respetuosos de su cuerpo y sexualidad; comprometidos con el país y el planeta.