Mariana Neira

Alfonso Laso inició a las cronistas

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Dejó ese trabajo y se dedicó a relatar historias humanas para Últimas Noticias. Le pidió a su jefe de redacción le diera trabajo a tiempo completo, no lo hizo. Sin darse por vencida siguió escribiendo sus historias hasta un jueves de 1978 cuando recibió una llamada telefónica sorpresiva.

Soy Alfonso Laso, jefe de redacción de El Comercio. La joven creyó que se trataba de una broma, titubeó: -Siiiii… señor Laso...
El señor Laso era una especie de dios en Quito, todos le escuchaban narrar los partidos de futbol en la radio. Le dijo a la joven que acababa de jubilarse un cronista y la llamaba para preguntarle si le interesaría trabajar en El Comercio. ¡El Comercio! Ella, temblando, solo alcanzó a decir que estaba yendo a la playa, iría a verle el lunes.

Los jóvenes periodistas sabían que para entrar a El Comercio, primero había que pasar por Últimas Noticias. El señor Laso la invitaba a saltar ese escalón y pensó que no podría cumplir con tanta responsabilidad. Los amigos extranjeros con quienes había ido a la playa la ayudaron a superar su inseguridad. ¡Acepta!, le dijeron, es una gran oportunidad en tu vida. La joven fue el lunes a verle al señor Laso quien, con voz suave, le dijo: “Usted va a reemplazar a uno de los mejores cronistas que ha tenido El Comercio”. Otra vez la tembladera, pero aceptó el trabajo. De inmediato ‘don Alfonso’ le dio las fuentes: ‘municipio’, ‘contraloría’, ‘partido liberal’, ‘partido arne’. Regresó a la redacción al mediodía y escribió su primera noticia, de un párrafo como en la televisión. Pacientemente ‘don Alfonso’ le dijo: “Verá doña… usted está escribiendo para un periódico, no para televisión, las noticias deben ser más largas, con más datos”’. Fue la primera lección de vida.

En la tarde llegó a la redacción como una veintena cronistas, todos hombres. Había una mujer que cubría solo eventos sociales y culturales. ‘Don Alfonso’ presentó a la joven como la reemplazante del ‘gran cronista’ y cubriría todas las fuentes, como los varones.

Al siguiente día ella le dijo a ‘don Alfonso’ que no había conseguido una noticia que le pidió y él le dijo: “Verá doña… en el periodismo no hay la frase: No pude, usted consigue la noticia como sea”. Segunda lección de vida.

Una tarde los compañeros le dijeron a la joven que debía hacer turno hasta las 11 de la noche, ella se negó. ‘Don Alfonso’ la llamó a su escritorio y le dijo: “Verá doña… usted vino a reemplazar a un gran cronista, está ganando lo mismo que él y tiene que trabajar como él, haciendo turnos en la noche, los fines de semana…” Tercera lección de vida.

La joven de la anécdota es quien escribe esta nota. En mi memoria queda el recuerdo de uno de mis maestros de periodismo, Alfonso Laso Bermeo, quien creó la oportunidad para que las mujeres fuéramos cronistas. ¡Descanse en paz!