María Herrera Heredia

Subsidios, lo bueno y lo malo

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Lunes 17 de septiembre 2018

El Gobierno eliminó una parte de los subsidios a la gasolina súper y al diesel industrial para los sectores atunero y camaronero, como una medida económica contemplada dentro del ¨Plan de Prosperidad¨ anunciado por el Gobierno. Son objetivos de esta medida, recuperar más ingresos para el Estado, que le permitan salir del endeudamiento y alimentar el crédito productivo, la generación de empleo y la obra pública.

Las reacciones de los ¨afectados¨ han sido limitadas, no han habido protestas ni la resistencia que la sola palabra provocaba tiempo atrás, la presentación que se ha hecho sobre las consideraciones para la disminución del subsidio ha surtido efecto y aunque el monto de recaudación es pequeño (USD 144 millones en el caso de la gasolina) frente al total del déficit fiscal y al valor anual de subsidios a los combustibles (USD 3 mil millones aproximadamente), la idea es corregir el desequilibrio fiscal y la inequidad social.

Lo bueno de los subsidios está en que lo que busca, aunque sea en teoría, es que el Estado asuma en parte los costos en que incurren las personas de ingresos desfavorecidos, permitiéndoles mejorar sus condiciones de vida y dejando cierta holgura para la distribución de sus ingresos en otras actividades básicas. El Bono de Desarrollo Humano (BDH) es un ejemplo, cientos de personas pobres y discapacitadas se habrían beneficiado de un valor que si bien no corrige la estructura económica personal o familiar al menos mitiga necesidades apremiantes, el bono de vivienda igualmente, habría permitido a algunas familias conseguir el sueño de poseer una vivienda digna. Los subsidios deben entenderse como un mecanismo de corto plazo al que recurre una sociedad solidaria, no paternalista.

Lo malo está en que por razones políticas y de viveza criolla los beneficiarios de los subsidios estatales han sido empresas o familias de ingresos altos que han utilizado el gas doméstico para fines industriales o consumos de lujo como el calentamiento de piscinas y otros, con un gas subsidiado, lo cual ha perjudicado a los más vulnerables, haciendo que la política de subsidios esté lejana de cumplir con su objetivo inicial de disminuir la inequidad y desvirtuando la finalidad del subsidio como elemento de equilibrio para los que menos tienen.

La eliminación parcial de los subsidios, sin lugar a dudas constituye un paso importante en la reestructuración económica y social del país, pues se ha logrado no solo caminar hacia un armonía de las cuentas fiscales, sino velar por los principios de justicia y equidad, elementos básicos para la sana convivencia nacional. De otra parte, la globalización de la economía y a cuya tendencia el Ecuador no puede resistirse, impone el manejo de economías competitivas más allá del dañino proteccionismo. Si se avanza en la eliminación de los subsidios de otros combustibles, aunque de modo progresivo, el país mejoraría la política económica, con beneficios para el gobierno y de la política social.