Manuel Terán

Ciudad desbordada

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Miércoles 05 de diciembre 2018

Camino a la celebración de un nuevo aniversario de su fundación, la ciudad capital transita sin un liderazgo claro, en una modorra donde se han perdido de vista objetivos y metas definidas. En cierto sentido ha perdido su esencia. Su transición de ciudad pequeña, en la que se imponía la visión mestiza con sus expresiones propias, hacia una ciudad cosmopolita que alberga una creciente migración proveniente de todos los rincones del país, la transformó. Aquellos consensos precedentes en los que primaba ver a la ciudad como un rincón marcado por la fusión de lo local con lo hispano, quizá en los actuales momentos ya no son los referentes movilizadores. Hoy en día no todos comparten ese enfoque, aun cuando mejor valdría decir que vastos segmentos de la población no lo conocen, no la han hecho suyo, no se apropiaron de ese imaginario que en un pasado cercano movilizó a importantes segmentos de la capital. A eso habrá que añadir que lo cotidiano se impone por sobre toda clase de aspiraciones. Los habitantes de Quito recorren sus calles con la obsesión de superar el día a día, sin hacer la pausa suficiente para considerar hacia donde debería enrumbarse en el futuro cercano, sin respuesta conjunta a los inmensos retos que se le presentan a todo momento, posponiendo las soluciones, ahogándose en la rutina.

Los organismos encargados de convocar y provocar los debates se encuentran aletargados. Hace un buen tiempo que no surge una figura que pueda aglutinar a la ciudad hacia una propuesta conjunta, que tenga como fin último proyectarla al menos hasta mediados del presente siglo. No existe un norte, todos los programas tratan lo inmediato dejando al azar lo sobreviniente. Salvo los esfuerzos que se han hecho desde lo académico liderados por un planificador de renombre que, por la idiosincrasia de los votantes, probablemente naufragaría en cualquier intento de lidiar en unos comicios en donde la ventaja mayor la tienen quienes han hecho del clientelismo su medio de vida, lo demás es inexistente. En ese entorno la ciudad sucumbe, se deteriora, sus magníficos tesoros culturales pierden brillo. Sus habitantes priorizan lo inmediato. Rehenes de una perspectiva centralista, muchos rechazan cualquier opción que signifique empoderar a la ciudadanía. Con gran parte de la población inmersa y cómoda en los roles de pago de los organismos y empresas estatales o municipales, la creatividad está sitiada, acorralada. Las transformaciones profundas asustan y la mayoría se abstiene de correr tras su propia iniciativa y esfuerzos.

O enfrentamos el problema a tiempo o el deterioro continuará de manera constante hasta que desfigure del todo la herencia recibida. Los órganos seccionales, los grupos gremiales, los vecinos tienen que comprometerse, buscar consensos básicos que rescaten a la ciudad y la proyecten hacia el futuro. Sólo sus habitantes podrán encontrar el derrotero para enfilarse en su búsqueda. Resta ver si se esfuerzan por encontrarlo.