Juan Valdano

Naipaul, en busca de sí mismo

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Miércoles 26 de septiembre 2018

El 11 de agosto de 2018 falleció en Londres el escritor británico de origen trinitense-hindú y premio Nobel de Literatura en 2001, Vidiadhar Surajprasad Naipaul. Nació en 1932 en Trinidad cuando la isla aún era colonia inglesa. Pertenecía a una familia de hindúes con fuerte tradición nepalí y quienes, al igual que otros asiáticos y africanos, habían sido transportados a la isla a inicios del siglo para trabajar en las plantaciones de azúcar. Desde la adolescencia y por influencia de su padre, Naipaul soñó con ser escritor y se esforzó para llegar a serlo. Pronto salió de la isla nativa por la que siempre mostró desapego y se refugió en Inglaterra donde, gracias a una beca, estudió en Oxford. La obra literaria de Naipaul es el personal testimonio de un escritor que llega de la periferia, que parte del desarraigo y busca un asidero cultural que le permita hallar su propia voz en un mundo en el que no dejará de ser un advenedizo.

“La mitad del trabajo de un escritor consiste en descubrir su tema”, dice Naipaul en su “Prólogo a una autobiografía”. Y el tema que recorre toda la obra de este escritor es llegar a explicarse ¿quién es? Al igual que Proust, a Naipaul le consume un idéntico impulso por hacer de la memoria el hilo conductor del conocimiento de sí mismo. Escribir será siempre una forma de auto cognición. Armar el rompecabezas de una identidad fragmentada; recorrer los caminos de un pasado familiar en el que perviven las huellas del exilio, la servidumbre y la afrenta del coloniaje; descifrar el sentido de una historia privada que es también parte de la memoria de un pueblo y, luego de ello, responder a las acuciantes preguntas del ¿quién soy? y el ¿a dónde pertenezco?, esta fue la magna tarea que Naipaul se impuso desde que empezó a escribir su primera novela “Una casa para el señor Biswas” (1961).

El acierto de Naipaul está en haber interpretado uno de los episodios más difusos de la historia del siglo XX: la transculturación del nuevo mundo anglófono poscolonial. Ello solo fue posible luego de apropiarse de la tradición literaria europea. No en vano declaró que uno de los libros que más le inspiraron fue “El Lazarillo de Tormes”: la fábula picaresca del criadito que a hurtadillas roba a su amo. Y es eso lo que él simbólicamente hizo.

La novela y la crónica de viaje fueron los canales por los que vertió su talento literario. Para ello, se formó en la lectura de los novelistas del siglo XIX: Dickens y Conrad, en el oficio de escribir un inglés claro y armonioso y en el arte de expresarse en uno de los estilos más depurados del inglés moderno. Nada de esto le ofrecía Trinidad, esa Ítaca suya sumida en el atraso; tampoco la misteriosa India que dejaron sus abuelos. “Mis libros se apoyan los unos en los otros y yo soy la suma de mis libros,” confesó en Estocolmo aquel día del Nobel.