José Ayala Lasso

Otto, Vicepresidente

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Sábado 22 de diciembre 2018

La elección del Vicepresidente Otto Sonnenholzner ha dado lugar a muchas y, a veces, contradictorias reacciones. Cuando el Presidente Moreno envió a la Asamblea la terna de candidatos, los comentarios se caracterizaron por la prudencia. Ninguno de ellos había tenido una actividad de servicio público, en medida suficiente para ser conocido en el país. Paradójicamente, su relativo anonimato y el desconocimiento de sus actividades se miraban como un mérito, hastiado como está el país de las incorrecciones de quienes han terciado en la política.

Sin embargo, por nexos de carácter personal o actividades profesionales compartidas, hubo muchas reacciones positivas. La juventud del primer candidato hacía presuponer en él una visión nueva y fresca de la realidad y de las aspiraciones de libertad y justicia social. Su falta de experiencia política fue interpretada como un elemento positivo porque descartaba la posibilidad de que los vicios de la política hubieran podido contaminarlo. Desgraciadamente, el ejercicio de la política esta desacreditado en todo el mundo, lo que se vuelve evidente hasta el extremo en un Ecuador que tuvo que sufrir los abusos e incorrecciones de los últimos diez años.

El nuevo Vicepresidente ecuatoriano fue elegido por la Asamblea Nacional con una considerable mayoría de votos. Sus primeros pronunciamientos públicos han estado marcados por la serenidad, la confianza en su capacidad de trabajo, una ingenua informalidad desprovista de teatralismo, todo lo cual ha predispuesto favorablemente a la opinión publica.

Pero la consciencia popular es compleja y ahora comienzan las críticas precisamente por aquello que inicialmente se vio como una virtud. “¿Cómo va a reemplazar al Presidente si no tiene ninguna experiencia política de gobierno?”, se preguntan los mismos que antes aplaudían la virginidad partidista de Otto. “No se puede confiar en él porque la derecha lo aplaude”, dicen otros, temerosos de que, como empresario que es, Otto se entregue y trabaje en función de los intereses de esa clase. “Es un joven sin experiencia”, sentencian.

Otto fue constitucionalmente elegido y merece y reclama la confianza de todo el Ecuador. Es verdad que en su elección prevaleció la necesidad de evitar todo contagio con el correísmo, porque el país observa, asombrado e indignado, que los años del gobierno de alianza país fueron nefastos, no solo por la corrupción rampante que practicó, para lo que preparó una maquinaria y una estructura apropiadas, sino por haber rebajado los niveles de ética hasta límites vecinos a la delincuencia organizada.

Otto deberá estar siempre listo a cumplir con sus atribuciones constitucionales y deberá colaborar con el Presidente Moreno esgrimiendo, cuando sea necesario, las más filudas espadas de la crítica constructiva.