Gonzalo Ruiz Álvarez

Una libertad sin cadenas

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Viernes 04 de mayo 2018

El país y el mundo recordaron el día de la libertad de expresión con serias muestras de preocupación. Se trata de un derecho de la gente.

Kabul fue el reciente escenario de una matanza singular. Una vez más el Estado Islámico, luego de su derrota militar y retirada de Siria, envenena sus dardos y los apunta al blanco más sensible, las personas corrientes, la gente común. Esta vez también, nueve periodistas, entre ellos un fotógrafo de AFP, fueron víctimas inocentes del terrorismo integrista en su más reciente, terrible y esperpéntica versión.

La matanza de Kabul también nos obliga a pensar en los periodistas caídos por cumplir su trabajo en escenarios complejos como los de Colombia o México.

En el país vecino la violencia atroz de la guerra de guerrillas, los paramilitares y las violencias cruzadas que arrasaron con más de 250 000 seres humanos se cobraron la vida de periodistas que hacían su trabajo en zonas turbulentas o exponían posturas firmes, como Don Guillermo Cano, director de El Espectador asesinado a pocas cuadras de su periódico y quien ni se rindió a los narcotraficantes ni al silencio que pretendían imponer a sangre y fuego. Él como muchos, ejemplos de dignidad y valor.

Allá, en México, sitiado por las mafias de la droga de los diversos carteles, los periodistas, como muchas personas inocentes: estudiantes, maestros, la gente de a pie, también han sido sacrificados por el cabal cumplimiento del oficio de informar. Y muchos, venciendo el miedo, lo siguen haciendo en homenaje a la gente a la que quieren servir con sus historias, para contar los reportajes de la gente común y que otros se enteren de sus vivencias y angustias.

Aquí, tras una década de fuego a discreción desde las alturas del poder, la resistencia venció las dificultades y las historias llegaron destapando los casos de corrupción, opinando con respeto y firmeza y sin devolver los insultos, sino con argumentos sólidos, denunciando el sistema de partido único que se quiso construir y la exclusión social que se quería imponer con el control de todos los poderes y una colosal y millonaria maquinaria de medios con una verdad vertical y sin espacio a la disidencia.

Es verdad que este 3 de mayo el país vive una realidad distinta.

El poder muestra apertura, tolerancia y respeto a quien discrepa, el talante del Presidente es distinto, pero falta camino por andar. Todavía esta vigente la guillotina de una Ley de Comunicación, aunque sin verdugo, cierto es, pero que será importante cambiar y dejar atrás el tiempo del oprobio y la persecución. Y para que además nunca se vuelva a repetir la historia oficial que quisieron imponer los amigos de Chávez, Maduro y Ortega, cuyos pueblos sufren la represión y el yugo de la falta de libertades.

Por eso es que este 3 de mayo, en homenaje a nuestros compañeros asesinados cuando iban en busca de historias periodísticas, los medios expresan en voz alta que la dignidad de los periodistas, sin humillantes cadenas, es un derecho de toda la gente.