Farith Simon

El circo de Tuárez

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Lunes 08 de julio 2019

El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social siempre fue una mala idea, el tiempo solo demostró que podía llegar a ser peor de lo que se esperaba; burocratizó la participación social, se puso al servicio del “proyecto” político y en la designación de autoridades montó concursos trucados, claramente organizados con un objetivo: poner en los cargos a los cercanos al partido, para cooptar las instituciones y extender el control político.

Nombrar un Consejo con atribuciones extraordinarias transitorias era una medida excepcional que respondía a circunstancias especiales, una respuesta necesaria frente a la acumulación de poder. Apoyar la cesación de funciones del Cpccs del correísmo, y la designación de un Consejo transitorio, traía aparejado un grave problema debido a que se aprobaba un cambio en la forma de designación de los consejeros. Se abrió la puerta a la elección por votos, una mala idea aprobada por muchos como un mal menor.

Designar a los consejeros por voto popular permitió que este espacio se use como entrada al juego político, así las acciones de los elegidos están condicionadas a la suma de apoyos para buscar el despegue de sus carreras políticas; esto se ha puesto rápidamente en evidencia cuando a la mayoría parece no importarles contribuir a que el país salga de una crisis política o luchar contra la corrupción, la prioridad -con alguna excepción- son las agendas personales o partidarias.

Esto ha tenido efectos inmediatos, han convertido al Consejo en un circo que no guarda forma alguna, un circo que funcionará por algún tiempo mientras no se le reste funciones o desaparezca. Queda claro que no se trata solo de las personas que conforman la entidad, pero las personas pueden mejorar o empeorar las cosas cuando actúan de forma sutil o grotesca. Miren las transmisiones de las reuniones del pleno del Cpccs , descubrirán lo poco que dura la sutileza y lo rápido que entra a operar lo grotesco.

La Sesión Ordinaria del 4 de julio es el ejemplo más acabado de esas prácticas. Una reunión con barras que acompañan a consejeros, con su Presidente, José Tuárez poniendo en evidencia sus objetivos al recibir a representantes de distintas iglesias evangélicas para que ataquen a la Corte Constitucional por la decisión respecto del matrimonio igualitario, permitiendo que griten consignas homofóbicas y discriminatorias en una entidad pública, mientras algunos de los expositores hacían gala de su viveza criolla y de una clara incomprensión de las normas que pedían leer o tergiversaban las citas que hacían.

Invitó a tres abogados para que les “asesoren” cómo revisar las decisiones del Consejo Transitorio y burlar las reglas que regulan su funcionamiento.

El show de Tuárez y compañía no parará y siempre contará con quienes se presten a alimentar el circo por unos pocos minutos de notoriedad, influencia e importancia.