Enfoque internacional

Europa: ataques desde adentro

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Viernes 20 de octubre 2017

Joschka Fischer, Project Syndicate

Europa da señales de estar saliendo de su prolongada crisis económica, pero el continente sigue agitado. Por cada motivo de optimismo siempre parece haber una nueva causa de preocupación.

En junio de 2016 una escasa mayoría de votantes británicos eligió la nostalgia por el siglo diecinueve por sobre lo que les pudiera prometer el siglo veintiuno. Decidieron saltar al precipicio en nombre de su “soberanía” y hay bastantes evidencias sugieren que les espera un aterrizaje forzoso.

En España, el gobierno de la región autónoma de Cataluña ahora pide soberanía también, aunque el actual gobierno nacional no está enjuiciando, encarcelando, torturando ni ejecutando al pueblo catalán, como lo hiciera la dictadura del Generalísimo Francisco Franco. España es una democracia estable y miembro de la Unión Europea, la eurozona y la OTAN. Durante décadas ha mantenido el estado de derecho de acuerdo a una constitución democrática negociada por todas las partes y regiones, incluida Cataluña.

El 1 de octubre el gobierno catalán celebró un referendo de independencia en que participó menos de la mitad (algunas estimaciones señalan que un tercio) de la población de esta región. Según los estándares de la UE y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, la votación jamás habría podido aceptarse como “justa y libre”. Además de ser ilegal según la constitución española, el referendo ni siquiera contó con un padrón de votantes. El referendo “alternativo” catalán causó medidas drásticas del gobierno del Primer Ministro español Mariano Rajoy, que intervino para cerrar mesas electorales y evitar que la gente votara. Fue una tontería política mayúscula, porque las imágenes de la policía reprimiendo con porras a manifestantes catalanes desarmados dio una engañosa legitimidad a los secesionistas.
Ninguna democracia puede ganar en este tipo de conflicto. Y en España la represión conjuró imágenes de la guerra civil de 1936-1939, su más profundo trauma histórico hasta la fecha.

Si Cataluña lograra la independencia, tendría que encontrar un camino hacia adelante sin España ni la UE. Con el apoyo de muchos otros estados miembros preocupados por sus propios movimientos secesionistas, España bloquearía cualquier apuesta catalana por ser miembro de la eurozona o la UE. Y sin ser parte del mercado único europeo, Cataluña se enfrentaría a la oscura perspectiva de pasar rápidamente de ser un motor económico a un país pobre y aislado.

Además, la independencia de Cataluña plantearía un problema fundamental para Europa. Nadie quiere repetir una ruptura como la de Yugoslavia, por obvias razones. Pero, más concretamente, la UE no puede permitir la desintegración de sus estados miembros, porque estos componen los cimientos mismos sobre los que está formada.