Alfredo Negrete

Inquebrantable

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Jueves 23 de mayo 2019

Y tenaz. Son los adjetivos más apropiados para evaluar la histórica presencia de Julio Cesar Trujillo. Nunca cedió en sus principios ni en sus creencias personales y, hasta el último momento de su vida pública, fue objeto de aplausos y reprobaciones en el ámbito político como corresponde a quien acepta los riesgos de trabajar por el bienestar de una comunidad. Al atardecer se retiraba con el cansancio de la jornada diaria y no con las alforjas rellenas de “ arroz verde”. Una primera conclusión es que sus acciones y las reacciones que provocó fueron el fiel reflejo de la vida en democracia, a cuya vigencia aportó con sus esfuerzos intelectuales y morales. Fue militante del Partido Conservador, luego del ala del conservadorismo progresista y luego de la Democracia Popular, Unión Demócrata Cristiana. Como jurista, el foro lo distinguió por su especialización, entre otras ramas, en Derecho Constitucional y del Trabajo. Pero el legado de su prolongada la vida pública fue el de un ciudadano político sin reservas ni concesiones. En su hoja de vida consta una trayectoria de múltiples batallas en las que irradió con su verbo, astucia y sapiencia.

Es imposible olvidar- cuando están por cumplirse 40 años del retorno a la vida democrática en el Ecuador- su lucha y resistencia en el parlamento- junto a cinco coidearios -, para soportar el embate de una abrumadora mayoría comandada por Asad Bucaram y los “Patriarcas de la Componenda”. Se defendía la estabilidad – entonces el golpe de estado no era un mal pensamiento- de los gobiernos de Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado. Tiempos en que era más fácil volver al pasado que arriesgarse y pensar en el futuro. Para comprender el nivel de aquella confrontación es necesario recordar el nivel político, intelectual y ciudadano de los líderes compactados: Raúl Clemente Huerta, León Febres Cordero, Otto Arosemena Gómez, Carlos Julio Arosemena Monroy, Jaime Hurtado y el sagaz coronel Rafael Armijos. Su vida pública, en la última etapa fue el ejercicio de la presidencia del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio por una decisión constituyente del pueblo ecuatoriano que respondió a la pregunta con cebo del morenísimo, la número 3. Julio Cesar, junto a otros ciudadanos, aceptaron el reto en busca de una transparencia constitucional alterada por la criatura concebida en Montecristi para estatizar el poder absoluto de la Presidencia de la República. Culmina su accionar, al terminar su vida, con la propuesta de otra consulta que elimine por completo la trampa que solo se neutralizó con la consulta anterior. Sin embargo, de no eliminarse por completo “ el Consejo” , estará vigente el peligro de liquidar al régimen republicano identificado por el contrapeso de los poderes. Frente a su descanso, con respeto se puede afirmar, que la propuesta del Doctor Trujillo es la única salida para que el pueblo con su voto supere la nostalgia fascista.