Alexandra Kennedy-Troya

El sentido de las cosas

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Jueves 27 de septiembre 2018

¿Qué sentido tiene una mesa o un lápiz labial?Son cosas o “constelación de notas”, como diría el filósofo español Subiri, con tal o cual forma, color, peso. La mesa –un trozo de madera, cortada en cuadro y cuatro patas que la sostienen- no es de ‘suyo una mes’, o es en tanto y cuanto forma parte de la vida humana. Marcamos una distancia entre la cosa-realidad y la cosa-sentido. La mesa, tal o cual mesa en particular, tiene especial sentido por su vigencia y la vivencia que relacionada con nosotros y nuestra vida, adquiere un valor en un tiempo y en un espacio específicos. Y esta noción de sentido cambia con los objetos dependiendo de su uso, colocación, necesidad, afectos evocados, memorias.

Cuando valoramos a un objeto como “patrimonial” lo hacemos no solo por su belleza o tersura, lo hacemos por la supuesta carga de significados que aquel objeto ha llegado a tener en tal o cual sociedad. Esto no es algo dado por añadidura, es algo que los seres humanos conferimos a un objeto al hacer “una operación” de carácter histórico, antropológico o una simple rememoración por parte de una comunidad que lo invoca/evoca.

Al elevar a un objeto –una canasta, un cuadro o un edificio- al estatus patrimonial, de ser “activado” en un espacio cultural, en la calle o alrededor de una ceremonia, es imprescindible, propongo, antes diseccionar al objeto con el fin de relacionarlo con los seres humanos que han hecho del contacto con el mismo, algo con sentido. En este proceso, lo desechable no existe como principio. Nada es desechable. Simplemente es modificable. Y se modifica en el presente relacionado con su pasado. Y cobra nueva vida en los instantes que siguen…

¿A donde voy con todo esto? A que en épocas en el que la acción y lo efímero han sido muy valorados, y que la presencia de las cosas va siendo reemplazada por elementos virtuales, es hora de pensar en los cientos de objetos que descansan inactivos en las reservas o salas de decenas de museos, centros culturales, colecciones privadas. ¿Qué hacemos con ellas? Las colgamos, las posamos solamente, o volvemos a valorar el poder de la materia al insuflarle de nuevos sentidos y llevar esto al debate y reflexión? No solo es dotar de sentido a las cosas sino a los mismos espacios que las contienen. Estirando un poco…a cuestionar el acumulamiento de cosas sin sentido, por el simple hecho de la tenencia y el prestigio fugaz (o procesos densos de colonización). Entonces, ¿no será de remirar aquellos objetos que hemos apretado, guardado y también olvidado? ¿No será de reubicar la cosa, de darle una nueva dimensión? De no dejar que los espacios para guardar ocupen un lugar enorme en un planeta atestado por cosas sin sentido. ¿Qué hacemos con tanto patrimonio tangible/mueble e inmueble que reposa dormido?