Federico Chiriboga

De codicia a codicia (I)

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Sábado 17 de septiembre 2011
17 de September de 2011 00:01

Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y de otros desajustes, el mundo enfrentó turbulencias que dieron origen a un nuevo modelo económico, que se ha venido a llamar neoliberalismo y cuyos exponentes en el campo de la política fueron el tándem Reagan-Thatcher.

Resumiendo a la medida de este artículo, el neoliberalismo se ha caracterizado por la liberalización de los mercados, el retroceso del Estado como ente regulador y la supremacía del capital privado sobre los intenses públicos. Se ha justificado su vigencia en la mayor productividad y eficacia de la empresa privada, que impulsa la competencia como motor de la economía, evitándose la burocratización de la gestión pública y la negligencia a la que lleva la administración de las cosas sin ánimo de pertenencia y lucro.

Los hechos han contradicho esta percepción del neoliberalismo. El resultado demuestra que no se ha conseguido crecimiento ni empleo. La crisis del 2008, aún no superada y que sigue siendo una Caja de Pandora llena de sorpresas, es una más dentro de las series que ha sufrido el capitalismo. Entre ellas, por su similitud, cabe recordar la que sucedió en los Estados Unidos a principios del siglo XIX, con la circulación a menor valor de letras de cambio para obtener mayor rédito y consiguiente colapso.

En esa época, John Taylor decía que la única propiedad legítima era la tierra, la natural, distinguiéndola de la propiedad artificial, fruto de maniobras legales y manipulaciones financieras al servicio de unos pocos privilegiados y a costa de la gran población. Casi lo mismo podría decirse de los "activos-basura" de nuestros días, que curiosamente no fueron detectados a tiempo, sin que las entidades de control se dieran por advertidas. Bien es verdad que los acontecimientos actuales no responden solamente a las variables del mercado, sino que se han dado una serie de factores concurrentes, siendo uno de los principales la omisión de la intervención del Estado como elemento controlador y sancionador. Lo cierto es que la experiencia indica que la codicia de los agentes del mercado, sueltos de la mano de Dios, ha creado desequilibrios económicos, costos sociales y altos índices de desempleo.

El desprestigio del modelo es claro. Parecía hacerse real la profecía de Marx: "El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen que ha crecido en él y bajo él". Así parecía, pero el capitalismo, como el Ave Fénix, levanta vuelo con nuevo impulso tras cada crisis. Y es que su alternativa, el Estado de Bienestar tampoco ha funcionado.

La codicia del Estado se ha demostrado más perversa que la del capital, porque al mercado se puede corregir desde el Estado, mientras que la codicia del Estado produce más Ogro Filantrópico y menos ciudadano, como veremos en próximo artículo.