José Ayala Lasso

Claridad sobre Venezuela

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Sábado 08 de septiembre 2018

Claridad y franqueza requiere el trato del drama venezolano, como empieza a avizorarse en el ámbito continental. ¡Basta de timideces o complicidades ideológicas! Las últimas reuniones de Bogotá, Quito, Lima y Washington señalan un aumento de la preocupación sobre la ruptura democrática en Venezuela. Su enfoque prioritario ha sido la migración, pero muchas voces oficiales han pedido la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Fundándose en ella, hay que presionar a Maduro para estimular el retorno de Venezuela a la democracia. La OEA debe jugar un papel orientador, como ha intentado hacerlo su Secretario General. Una última declaración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de otras instituciones continentales y mundiales, es severa y elocuente.

Y al tratar el drama de Venezuela no hay que cerrar los ojos ante otro, igual en crueldad y arbitrariedades: el de Nicaragua.

En febrero de este año, un informe de la CIDH expresó seria preocupación sobre el estado de los derechos humanos y el deterioro institucional en Venezuela. El llamado Grupo de Lima se pronunció también y criticó severamente al gobierno de Maduro. Pero fue el drama migratorio que hemos visto todo en las pantallas de la televisión lo que, desde hace un par de meses, ha logrado estremecer la conciencia internacional.

La Cancillería ecuatoriana, recuperando un saludable protagonismo en el campo de la protección de los derechos humanos, convocó a una cita continental a la que asistieron doce países, para examinar y tomar medidas en lo tocante a la migración venezolana. Su resultado consta en la Declaración de Quito que, desde un punto de vista técnico y pragmático, constituye un importante paso orientado a mitigar los sufrimientos del migrante, a facilitar su tránsito y acogida y a organizar la asistencia internacional, técnica y financiera, para afrontar dicho problema. Su mérito sustantivo consiste en erigirse sobre dos pilares fundamentales: la primacía de los derechos humanos y el reconocimieno de que el problema es de incumbencia general y no solo de los países receptores de la migración.

Hace falta examinar, de manera objetiva y descarnada, la causa de los problemas de Venezuela, que tiene un nombre: Nicolás Maduro. El FMI ha dicho que la economía venezolana se encuentra en estado de “colapso”. Cuatro presidentes latinoamericanos se han manifestado dispuestos a pedir al Tribunal Penal Internacional que inicie una investigación sobre crímenes de lesa humanidad atribuíbles a Maduro. Cerca de tres millones de venezolanos han abandonado su país. ¿Se necesitan más pruebas para que América Latina se resuelva a hablar con claridad para condenar la dictadura de Maduro y tomar todas las medidas para que Venezuela regrese a la familia de las democracias?