Miguel Rivadeneira

El cinismo de los corruptos

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Lunes 02 de diciembre 2019

Repugna lo que pasa en el país con tanto acto de corrupción, que se profundizara e institucionalizara en el gobierno anterior. Sin embargo, resulta irónico que los perseguidos por corrupción, con audacia y cinismo, tratan de sembrar en el imaginario colectivo que son perseguidos políticos, a pesar de las serias presunciones y evidencias encontradas en las investigaciones y en algunos casos demostrados en los procesos judiciales.

Lamentablemente, estos casos pasan como algo normal, resbalan en la sociedad e importan poco. Se han alterado los valores. No es raro escuchar que se admita que un político robe pero que haga obra. Como existe impunidad, los hechos se reeditan sin escarmiento a los corruptos, salvo excepciones. Qué decir de la ineficacia para recuperar los ingentes recursos robados.

Los casos han proliferado los últimos años al punto que la Fiscalía ha llegado a calificar como una organización delincuencial que dirigiera desde la Presidencia el prófugo en Bélgica. Perdieron la vergüenza y a cada nuevo caso que se descubre tienen la avilantez de decir que son perseguidos políticos. La defensa que hacen les identifica cada vez más como lo que han sido: corruptos a carta cabal.

Hace poco ha caído preso, con graves presunciones de corrupción, muchas pruebas y evidencias (cheques, dinero en efectivo, armas, municiones, conversaciones), un grupo organizado, entre ellos un camuflado con sotana identificado con el gobierno anterior, que presidiera unas semanas el Consejo que tiene el mandato constitucional de luchar contra la corrupción. Por ello decía el filósofo español Miguel de Unamuno que hay ladrones que predican contra el robo para que no les hagan competencia. Se han presentado pruebas del personaje y 32 ciudadanos más, algunos con antecedentes penales e historial delictivo pero protegidos en instituciones públicas (CNE), engañaban a incautos ambiciosos a quienes les pedían millones USD para conseguirles altos puestos en el Estado.

Lastimosamente, no se puede confiar en la administración de justicia. Los casos se han repetido para beneficiar a quienes ejercieron altos cargos. Cuánto ha costado revertir fallos favorables a los corruptos. El caso de un ex ministro y ex candidato presidencial que ofreciera cortar las manos a los corruptos y resulta que está preso y sentenciado y ni siquiera se ha cortado las uñas. Otros casos escandalosos sobre irregularidades en el seguro social y la justicia mira lenta e indiferente.

Hoy el máximo organismo de justicia tiene el gran desafío, con una parte de conjueces temporales, unos cuestionados por sus actuaciones pero impuestos por una mayoría, de actuar sin contemplaciones contra los corruptos, dentro del debido proceso y con derecho a la defensa, pero sin dilatar más los procesos judiciales. ¡ Ya basta de esto!