Pablo Cuvi

Cínicos

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¡Ah, los videos! Si Gabriela Rivadeneira hubiera dado ese discurso como interna de un hospital psiquiátrico, uno pensaría ‘pobrecita’ y punto. Pero sucede que la fogosa revolucionaria verde-flex se dirigía al Foro de Sao Paulo reunido en La Habana, donde defendió a Lula, a Cristina y al compañero Rafael, víctimas de una conspiración orquestada por el imperialismo y la derecha neoliberal. Por igual motivo, Gaby expresó su apoyo a las democracias impecables de Nicaragua y Venezuela. Todo en nombre del pueblo latinoamericano. Y este discurso cínico, que arropa a cleptómanos y violadores de los derechos humanos con el manto de la Revolución, fue respaldado por el Foro y por Cuba, cuyo presidente levantó el brazo de Maduro y envió a su canciller a la celebración organizada en Managua por la pareja Ortega-Murillo sobre un gigantesco charco de sangre.

Café en mano, un joven quiteño comentaba: “¡Qué desgracia la izquierda que me tocó! Antes eran distintos”. No mucho, acoté. En los años 30 y 40, si bien hubo grupos de izquierda que se mantuvieron críticos, los comunistas se la pasaron encubriendo los crímenes de Stalin. A la generación siguiente le correspondió negar o justificar los atropellos y violaciones a los derechos humanos del maoísmo y el castrismo. Luego asomó Chávez con su chequera suculenta y la izquierda caviar se dedicó a celebrarle sus payasadas bolivarianas y cobrar por ello, como los españoles de Podemos.

¿Fanatismo? ¿Cinismo? ¿Oportunismo? Un poco de todo, porque el fanático está cegado por el resentimiento y el miedo, pero el cínico tiene la película clara y defiende sus intereses. Hoy, los correístas buscan ante todo la impunidad, no solo de Rafael, cuya falta absoluta de dignidad lo ha llevado a implorar protección a la misma Comisión que intentó liquidar, sino de toda la gallada pues si el contralor sigue hurgando no quedará títere con cabeza. Además, ellos/ellas, junto con algunos historiadores y periodistas cómplices, siguen defendiendo el Proyecto con el mismo lenguaje impoluto del 2006, como si el desastre económico y los escándalos de corrupción fueran otro invento de la CIA. Porque los caudillos pasan, o van a la cárcel, pero la ideología, como la religión, no se mancha con los horribles pecados de sus fieles.

Tampoco se borra del corazón de las autoridades del Gobierno que, mientras Lenin andaba de viaje, se reunieron en Cuenca. Estos revolucionarios, en su mayoría exfuncionarios de la década infame, buscarían, según León Roldós, reinvindicar el correato sin Correa. Por ahora, con fines electorales, impulsan el movimiento Vamos.

Luego, si la salud de Lenin llega a fallar, marcharán los periodistas y demócratas insumisos y los empresarios imperialistas y volveremos, altivos y soberanos, al redil cubano.