Óscar Vela Descalzo

Científicos en guerra

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Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, los científicos más importantes del mundo libraron una particular batalla para conseguir la que sería el arma del triunfo definitivo: la bomba nuclear.

En esta carrera delirante, Hitler creó un programa que tenía por objeto, además de las investigaciones genéticas raciales, el asunto atómico. Para este efecto, reclutó varios científicos de enorme reputación que debían llevar adelante este trabajo. Werner Heisenberg, un físico alemán, galardonado con el Premio Nobel de Física en 1932 fue el responsable del proyecto atómico de Alemania durante la guerra. Los referentes científicos de Heisenberg, Max Born y Albert Einstein, ambos de origen judío y también galardonados con el Nobel, debieron exiliarse por sus raíces judías, pero otros genios como Otto Hahn, un químico alemán, galardonado con el Nobel de Química en 1944, considerado como el padre de la energía nuclear, fue parte del programa de Hitler por su conexión con el descubrimiento de la fisión.

Se ha dicho que Heisenberg y su grupo de científicos e investigadores, solamente trabajaban en la construcción de un reactor nuclear, mientras que al otro lado del mundo, Robert Oppenheimer, el cerebro detrás de la destrucción de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, estaba cerca de conseguir la bomba atómica que definiría el conflicto a favor de los Aliados. También se ha insistido históricamente, en que Heisenberg habría cometido un acto de traición hacia los nazis cuando visitó en Copenhague a Niels Bohr, un físico danés, también galardonado con el Nobel de física en 1922, para advertirle que Hitler tenía entre manos un proyecto de bomba atómica. La idea de Heisenberg con esa visita habría sido la de contar con el apoyo de Bohr y del resto de la comunidad científica no alineada con los alemanes para retrasar la investigación hasta el final de la guerra.

En todo caso, las bombas atómicas que lanzaron los Aliados en Hiroshima y Nagasaki, pusieron el punto final a una guerra que estaba decidida en su favor algunos meses atrás con la rendición alemana. Las mentes más brillantes del mundo jugaron un papel fundamental en este conflicto y su trágico final.
El escritor mexicano Jorge Volpi, repasa la intervención decisiva de los científicos durante la Segunda Guerra Mundial en su extraordinaria novela: ‘En busca de Klinsor’, que articula una historia apasionante en torno a todos los hombres de ciencia que participaron en el conflicto. El temido y buscado Klinsor, que habría sido quien dirigió las investigaciones atómicas por orden de Hitler, es el centro de las investigaciones del teniente Francis Bacon y el matemático Gustav Links al final de la guerra. La novela de Volpi, que constituye un trabajo de investigación admirable, conjuga la ficción y la realidad para mostrarnos las distintas perspectivas de los hombres de ciencia que participaron en esta frenética carrera por inclinar el curso de la historia.