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Viernes 14 de junio 2019

Luego del éxito que tuviera la serie Juego de Tronos, cuyo final no nos dejó a todos satisfechos, el show televisivo que está ahora en boca de todos es Chernóbil que, basado en el libro de la Premio Novel Svetlana Aleksiévich Voces de Chernóbil, nos narra, no solo la historia de una tragedia, sino, y sobre todo, nos muestra el peligro del fanatismo, de los dogmas, de la desconfianza en la razón y en la ciencia cuando ponen en jaque nuestras creencias y, por supuesto, del totalitarismo al que esas actitudes le sirven de sustento.

A la 1:23 del 26 de abril de 1986 en la Central Eléctrica Atómica Vladímir Ilich Lenin de Chernóbil sucedió lo que se pensaba imposible, uno de sus reactores nucleares explotó, causando el mayor desastre tecnológico y ambiental de la historia. La radioactividad liberada en la explosión y por el núcleo del reactor expuesto se calcula 500 veces mayor a la de la bomba atómica en Hiroshima, aunque de naturaleza diferente, siendo más peligrosa por su permanencia en el tiempo. Vastos territorios alrededor a la central son inhabitables y lo serán cientos de años más.

Tanto la serie como el libro nos llevan en un aterrador recorrido por la vida de las víctimas, de las ciudades arrasadas o abandonadas debido a la contaminación y también por la de los que se negaban a ver la verdad, que por miedo, pero sobre todo por fanatismo, por creer que algo así no era posible en la URSS o porque no se podía ir por detrás de “Occidente”, fueron los causantes de la catástrofe y la de quienes, por las mismas razones, la negaron o minimizaron, haciéndola aún más grave.

Pero vemos también las historias de aquellos que, como Valeriy Legasov y otros científicos soviéticos, sacrificaron sus carreras y sus vidas tratando de encontrar respuestas y develar la verdad, una verdad que, de acuerdo con Gorbachov, podría haber sido una de las causas de la caída da la URSS. Ahora sabemos que fueron miles de víctimas y no 31 como sostuvo la versión oficial y que todavía hay gente muriendo por la radiación. Conocemos también que no fue un accidente sino una cadena de errores humanos, cometidos con base en la noción de infalibilidad del gobierno soviético, empezando por construir reactores con material barato y poco adecuado a fin de no retrasarse en la carrera nuclear.

Y es que cuando el dogma se impone a la razón, las consecuencias pueden ser desastrosas, como en el caso de Chernóbil. Así, cuando algo ponga en juego nuestras creencias, nuestros valores, no lo rechacemos de plano, analicemos y cuestionemos, solo así la humanidad avanza. Lo hecho por la Corte Constitucional de Ecuador con el matrimonio igualitario es una muestra de eso.

Ojalá el país siga caminando en esa línea a fin de no convertirnos en un Chernóbil de los derechos humanos.