Sebastián Mantilla

Chalecos amarillos

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Miércoles 26 de diciembre 2018

smantilla@elcomercio.org

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha sido puesto contra la pared. La revuelta de los “chalecos amarillos”, surgida a mediados del mes pasado en las principales ciudades francesas como reacción al anuncio del gobierno de un incremento en el precio de los carburantes, ha desatado una inusitada reacción de una parte la población: protestas violentas, bloqueo de calles, saqueos de comercios...

El 8 de diciembre, día en que las protestas llegaron al coto más alto, se contabilizó cerca de 136 mil personas. Pese a que Macron tuvo que recular, suspendiendo temporalmente la aplicación de estas medidas, las movilizaciones solo han disminuido. La posición de los “chalecos amarillos” es de continuar hasta que sus reivindicaciones sean escuchadas. El repertorio de la protesta ha ido evolucionando con el paso de los días. Ahora se pide la dimisión del presidente de la República.

Lo cierto es que este fenómeno social de protesta está reconfigurado la política francesa. Al igual que los hechos producidos en la “Primavera Árabe”, me refiero a las manifestaciones que se dieron entre 2010 y 2013 en Túnez, Egipto, Yemen, Omán y otros países, para exigir la garantía de derechos y más democracia, también han sido convocados por redes sociales.

El origen puede ubicarse en un llamado que hizo Priscillia Ludosky, habitante de Paris, el 29 de mayo pasado en la plataforma change.org. En un comentario reclamaba la baja en los precios de los combustibles. En septiembre pasado este anuncio tenía 500 adherentes. El 21 de octubre el diario Le Parisien entrevistó a Ludosky, subiendo los apoyos para fines de octubre de 12.300 a 226.000 firmas. A esto se añadió un video subido al internet el 17 de noviembre en el que se criticaba la supuesta persecución que Macron estaba haciendo a miles de automovilistas franceses. Este ha superado los 6 millones de visitas.

La primera acción de protesta convocada por los “chalecos amarillos” para el 17 de noviembre se lo hizo por Facebook. De igual modo las que vinieron luego. Lo curioso de todo esto es que se trata de un movimiento (si así podría llamarse) sin líderes, ni estructura. Todos pueden serlo. Esto es lo que ha dificultado para que el gobierno de Macron pueda neutralizar a los “chalecos amarillos”.

Lo contradictorio de todo esto es que la propuesta de Macron no es nada despreciable. Frente a los problemas derivados del cambio climático, el presidente de Francia ha querido incrementar el precio de los combustibles con la finalidad de recaudar dinero y desincentivar el uso de fuentes de energía contaminantes, impulsando con ello la transición ecológica y el uso en los próximos años de energías limpias.

Puede ser que al Presidente francés le falló la forma de socializar y de comunicar estas medidas. Sin embargo, un ajuste de este tipo no cae bien en ninguna parte del mundo.