César Augusto Sosa

Los aranceles deben bajar

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Lunes 19 de agosto 2019

Desde que Ecuador firmó el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE), vigente desde el 2017, la política arancelaria del país quedó definida con ese bloque, pero al mismo tiempo marcó la ruta de los futuros acuerdos que puedan firmarse.

En el ámbito del comercio de mercancías, Ecuador se comprometió a bajar los recargos a las importaciones de forma rápida (como en el caso de los licores) o lenta (como en el caso de los automóviles). Pero a largo plazo, el compromiso fue reducir a cero los aranceles para todos los productos, excepto para aquellos que por su sensibilidad debían quedar excluidos.
Detrás de acuerdo firmado hay una visión que defiende el libre comercio como un medio para reducir la pobreza, impulsar el empleo y alcanzar el desarrollo del país.

El libre comercio implica reducir las trabas a las importaciones y eso implica, entre otras cosas, bajar los aranceles. Por eso, la decisión del actual Gobierno, de reducir los recargos a los artículos deportivos como calzado especializado, bicicletas, cascos de seguridad, etc., es acertada, aunque la medida se vendió solo como un estímulo al deporte, que también es correcto.

También es acertada la propuesta del Ministerio de Telecomunicaciones, de pedir al Comex que elimine los aranceles para teléfonos inteligentes, computadoras, laptops y decodificadores para la televisión digital en equipos analógicos.

No tiene sentido gravar con altos aranceles a bienes o servicios que no producen en el país, más cuando esos artículos son necesarios para reducir la brecha digital, el contrabando y fomentar el uso de la tecnología en todas las áreas. Para eso se necesitan bienes más baratos y políticas que estimulen el uso de las nuevas tecnologías para desarrollar otros productos tecnológicos con alto valor agregado.

Pero incluso, si las mercancías importadas compiten con los productos nacionales habría que hacer el ejercicio para determinar si conviene, desde el punto de vista social y económico, proteger a la industria local en perjuicio de los consumidores, quienes terminan pagando la falta de competitividad de las empresas.

Los gobiernos también han aumentado los aranceles con el argumento de evitar la salida de dólares de la economía, en medio de una caída del precio del petróleo o una apreciación del dólar. Eso lo ha hecho el anterior gobierno y también el actual. No hay que olvidar que en abril del 2018 se anunció un aumento temporal de aranceles para 375 productos importados. Ahí se señaló que se trataba de artículos ‘suntuarios’ como juguetes, textiles y celulares.

Siempre habrá argumentos e intereses para frenar la competencia extranjera, pero eso solo retrasa las reformas estructurales que necesita el país para mejorar la productividad, la competitividad y su desarrollo a largo plazo. El libre comercio y la reducción de aranceles pueden poner la presión necesaria para que autoridades, empresas y consumidores lleguen a un acuerdo.