Enrique Ayala Mora

Su cédula…

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Viernes 20 de enero 2012
20 de January de 2012 00:02

No bien se para uno en la recepción de un edificio, de una oficina pública o privada, en la entrada de una urbanización “cerrada” o hasta en un simple parqueadero, cuando un guardia se acerca, a veces cortésmente y otras con aires de autoridad y dice: “Su cédula, por favor”. Y uno tiene que entregarle sin chistar para que quede retenida en su escritorio o en la garita hasta que sale y puede reclamarla.

Cuando el parroquiano protesta, argumentando que no se le puede retener un documento, o que simplemente no tiene a la mano la cédula, la respuesta es rígida: “Disculpe, pero yo solo cumplo órdenes. Debe entregar su identificación o no puede pasar”. Claro, los superiores del guardia no están disponibles para oír nuestra protesta. Y cuando lo están argumentan agriamente que son órdenes “más superiores”, que nada pueden hacer. Y como uno está de apuro, de todas maneras se rinde y entrega su documento, considerándose con suerte cuando el guardia se digna aceptar otra identificación como licencia de manejo, carné institucional o hasta tarjeta de crédito.

Cuando uno está de mala suerte y se topa con un guardia estricto o sabihondo, el sujeto se cree con la autoridad de “calificar” el documento y rechaza la cédula porque “es de las antiguas y ya no sirve”, añadiendo a veces en tono de perdonavidas “Debe acercarse al Registro Civil a renovar la cédula. Si no, seguirá teniendo problemas”.

Casos se han dado en que un acucioso guardia, con seguridad policía retirado, amenaza con no devolver el documento, creyendo que tiene autoridad para ello o remembrando épocas en que con ello se hacía sus “chauchas” en redadas de tránsito de los días viernes tarde.

En algunos lugares, justo es reconocerlo, guardan en orden las identificaciones y las devuelven rápidamente a la salida. Pero en otros, se tardan una eternidad hasta que logran localizarlas en el entrevero de una caja “para todo servicio” o en un montón que el hombre “baraja” como en el juego de “Cuarenta”. De vez en cuando, “se les pierde” su cédula y eso termina en conflicto, aunque es más frecuente que uno se olvide de reclamarla a la salida y pase exhibida tras del vidrio de la ventanilla por meses.

Lo lógico es que, por seguridad, a la entrada le pidan a uno su identificación; que el encargado tome nota de su número y quizá otra referencia, devolviéndola luego sin retenerla.

Así sucede, justo es reconocerlo, en algunos lugares. Pero la costumbre es que como condición de acceso se retenga en forma ilegal un documento público, sin que nadie pueda oponerse a este abuso.

De esto solo me quejo aquí. Porque si se me ocurriera acudir a la Función Judicial o a la Corte Constitucional para parar esta arbitrariedad, además de que para ingresar a sus locales me van a pedir la cédula, ya sabemos cómo resuelven las cosas esas instancias.