Farith Simon

¿Catástrofe?

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Lunes 08 de febrero 2021

Escribo esto sin saber los resultados de las elecciones. No se si ya tenemos un presidente electo o si nos dirigimos a una segunda vuelta. Como todos, he vivido la incertidumbre del resultado, en un contexto donde el triunfalismo, usado como poderosa arma de campaña, y una enorme desconfianza en las encuestas, tanto por sus desaciertos pasados, como por la evidente la manipulación de los datos: se muestran entrevistas telefónicas o respuestas en el Twitter, como si tuvieran el mismo valor estadístico que procesos estructurados, en los que se maneja un muestreo adecuado, con personal entrenado que aplica correctamente los instrumentos de investigación, con preguntas bien formuladas, procesadas y presentadas sin sesgos. Añádale el “voto vergonzante”, que en estas elecciones es difícil saber cuál es el candidato que provoca vergüenza decir que esa es la candidatura por la que votamos.

Mucho se ha repetido la idea de que estos son los políticos que nos merecemos y que esto representa al país.

Me niego a aceptarlo, creo que somos mucho más que eso, sin duda, aunque a momentos lo perdamos de vista porque en lo cotidiano las redes y los medios resaltan lo peor y no lo positivo; eso nos ha llevado a alimentar el pesimismo y la idea de un país y de una sociedad sin futuro, de una aparente batalla entre unos pocos “buenos” y muchos “malos”.

Esa distorsión se ha instalado con fuerza, estamos cada vez más polarizados y perdemos los matices. La casi totalidad de los humanos somos capaces de acciones sublimes o abyectas, muchas veces en nombre de causas que consideramos nobles y justas.

Otra constante de campaña ha sido la referencia al pasado, en un caso como carta de presentación de un candidato que promete revivirlo, presentándolo desde la nostalgia de una época de bonanza, de un Ecuador idílico, de acceso a bienes, servicios y carreteras; sin abusos, corrupción o despilfarro.

Para todos los demás, ese pasado debería usarse como recordatorio de lo que no debe ser la política, como el fundamento sobre el que se construyó este difícil presente, agravado por pandemia, y sí, por un muy mal manejo.

El discurso catastrófico, como en otras ocasiones, describe los peores escenarios en caso de que “el otro” gane, promocionando la idea de los días insoportables por venir. Vivimos un momento difícil por una crisis múltiple: ética, social, económica y sanitaria; y las opciones más claras para pasar a segunda vuelta nos colocaron entre quien exhibe al pasado como futuro, un pasado en que el movimiento que representa demostró no respetar valores democráticos esenciales; y un candidato que esta apoyado por una fuerza política que amenaza cambiar a jueces porque no dieron paso a una consulta que claramente violaba la Constitución. Opciones difíciles, pero aquí estaremos, porque algo es claro: sin importar el resultado de ayer, nuestra vida seguirá; porque todos somos más que la política y los políticos.

@farithsimon