Alexandra Kennedy-Troya

Las casas de Lenín

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La huellas urbanas de Quito y Bogotá son similares; la primera cuenta con casi 3 millones de habitantes, la segunda con ocho. Entonces, cualquier plan de vivienda debe evitar a toda costa la expansión de la ciudad y optar por la densificación poblacional y la verticalización de la ocupación.

Paralelamente se deberá reforzar lo existente tomando en cuenta la fragilidad de las estructuras bajo el riesgo de un sismo.

Seguir trazando carreteras tampoco es la solución. Muchas poblaciones –como Quevedo por ejemplo- crecen alrededor de las vías y demandan fuerte infraestructura para un pequeño número de habitantes.

Mis preocupaciones coinciden con la propuesta llevada a cabo por la Universidad de Nueva York, equipo integrado por técnicos internacionales y urbanistas ecuatorianos liderados por Jaime Vásconez. En esta -solicitada por el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda y entregada en diciembre- se analizan los vacíos, lugares no construidos dentro de la urbe, y a la red vial con anillos que no expande sino reconecta. La idea central es privilegiar la planificación sobre las evidencias existentes, densificar y mejorar integralmente barrios consolidados, trabajar con una diversidad de personas carentes de recursos de diversos niveles, diferente al de la demagógica frase de “vivienda social para los más pobres”. La propuesta del Presidente costaba 6´520.000, el replanteo preparado por Mario Burbano de Lara y Alberto Andino baja el monto a USD 4´333.000 al generar un subsidio que disminuye en escala según el sueldo y atiende a la mitad de los ecuatorianos más pobres.

No se trata de mover masas de pobres a nuevos barrios de pobres provocando la destrucción de su red social de supervivencia donde el apoyo comunitario e individual les permite seguir viviendo.

No repetir la experiencia de México -nos dice Andino- en donde se construyó en las afueras vivienda social para 4´500.000 habitantes pobres. Muchas casas fueron vendidas a destajo y el 60% siguió desocupado, la mayoría regresó a su lugar de origen.

El modelo correista de contratar vivienda prefabricada con los chinos es inaceptable; no genera empleo ni provecho.

Olvidar el mejoramiento del sector rural también es inaceptable. Este sector se merece ayuda para su vivienda y para su capacidad productiva.

Enfatizar en el uso de tecnologías propias y casas diseñadas para nuestros nichos climáticos es fundamental. Todo lo demás sigue siendo parte del triste proceso colonizador, como si aún fuésemos infantes incapaces.

Esperamos una respuesta que no repita los errores y desaciertos de la década anterior enmarcados en los mega contratos internacionales donde la corrupción campeó sin límites y no se dio la solución esperada.