Susana Cordero de Espinosa

Carta a Nemonte Nenquimo

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Martes 27 de octubre 2020

Querida amiga, valiente waorani ecuatoriana:
Guardo tu bella carta que El País publica este 12 de octubre de nuestra pandemia: ‘Una carta desde la Amazonía’. Cuántas mujeres ‘cultas’ quisiéramos parecernos a ti, sentir la Tierra como la sientes tú, saber de tu selva, magnífica un día, hoy arrasada por gente parecida a mí. Aunque sin saber cómo o sin querer saberlo, arrasada por mí misma, por mis complicidades complacientes, por mi estrechez de miras, incomprensión e ignorancia del mundo en que vives, de tu queja y del dolor que te hace llamarnos, te contesto, para que, por una vez, nadie me llame en vacío. Tu bella y justa palabra es, para quien te oye con buena voluntad, un ‘juicio final’.

Si de niños creíamos en que el último juicio procedería del espíritu de Dios y de cualquier modo nos condenaría; si lo imaginábamos solo, sentado, grande y barbudo como un juez implacable del que nos escaparíamos “pasándonos tras su espalda”, de modo que nadie nos viera huir entre la infinita multitud que esperaba su sentencia, del juicio que proviene de ti no podremos escapar: Hemos vivido imponiendo en tu selva nuestro egoísmo, nuestro interés sin meta válida, puro vacío contra tus verdades sabias, dichas con dolorosa perfección. ¿Qué voces se unirán a la tuya, magistral en su sencillez y su verdad, que nadie puede controvertir? Si no hay discusión posible y el silencio del que no quiere ver es la mejor cruzada contra la verdad, tu selva seguirá quemándose, habrá más petróleo derramado en tus ríos, seguirán robando tu oro. ¡Larga y ancha la irracionalidad de nuestra ambición, imposible contarla por años, pues desde que existe el recuerdo, sabemos de exacción y de muerte, y tu experiencia corresponde a acontecimientos cuyo comienzo es el inicio cainita de nuestra inhumanidad!

Pero quiero contarte –si no lo sabes ya- que sobre tu mundo que tan pocos defienden, en el ámbito de silencio egoísta que es el de nuestra patria, una palabra con nombre y apellido se aúna a la tuya; la nombro: se trata de la de Milagros Aguirre, ella misma un milagro de lucidez y entrega por tu causa, por la protección de lo que ustedes aman, su forma de vida, sus ríos, sus animales, sus bosques; como tú, Milagros ha sabido conocerlos, escucharlos, darles voz. Esta es mi buena noticia para ti, si no la sabías desde antes; quería hacerte notar, y a mis lectores, que existen prodigios y milagros aun en medio del desamparo…

Gracias por contarnos, como lo hace Milagros, con convicción y belleza, que el bosque es tu maestro y que nuestro problema es ‘la amenaza que significamos para toda forma de vida en la tierra, sin el respeto que nos habría impelido a conocerlos y entenderlos”. Nemonte, eres la voz de las mujeres, hombres y niños de tu pueblo, de cuantos no se dejaron contaminar por la ambición; clamas con tu pena a un mundo vacío, de inútiles y desagradecidos, pero sé que en ti y en los tuyos, los seres humanos de buena voluntad, podremos encontrar otra luz.