Ileana Almeida

Los caranquis

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Sábado 12 de diciembre 2020

El pueblo caranqui (cara o imbaya), habitaba la zona norte de la Sierra ecuatoriana. Su cohesión se fundaba en la identificación con un territorio, una lengua (posiblemente la cara, del grupo barbacoana), y un modo de vida tradicional que nos habla de su historia. Antes de la llegada de los incas, vivían en aldeas, elemento básico de su organización; varias aldeas conformaban un señorío, dirigido por un jefe que se beneficiaba del trabajo de los campesinos a su cargo. El señor tenía la responsabilidad de la guerra y de la religión. Había varios señoríos, los principales eran los de Cayambi, Otavalo y Caranqui, este último da el nombre al “país caranqui” de que hablan los cronistas españoles. Entre los señores, que ya conformaban una nobleza incipiente, se establecían alianzas matrimoniales y de guerra.
Su mundo material, estudiado apenas por la arqueología y la etnología, muestra algunos datos importantes: cientos de montículos monumentales llamados tolas en lengua cara, agrupados en diferentes sitios del territorio, entre los que cabe destacar los del valle de Zuleta, estaban coronadas por plataformas desde donde se dirigían las labores agrícolas y se mantenía el liderazgo ideológico. Algunas sirvieron como tumbas de la élite gobernante.

Los caranquis desarrollaron varios oficios artesanales: se confeccionaban objetos en cerámica, piedra, metales y plumas de colores. Había también un incipiente comercio con zonas de diversos niveles ecológicos que producían sal y coca. La estratificación social, la arquitectura monumental, los diferentes oficios anuncian ya el surgimiento del Estado.

Amenazados por los incas, se aliaron varios señoríos y presentaron una defensa común. Se conoce por los cronistas que el cabecilla de Cayambi, Nazacote Puento y su hermano Pintac, de Caranqui, fueron los caudillos en la guerra contra los incas, campaña que se prolongó por más de diez años. La tenaz resistencia demandó la intervención del propio Huayna Capac, asistido por varios orejones del Urin y el Hanan Cuzco en la dirección militar.

Para entender el parentesco genético-cultural de los caranqui, hay que referirse a la utilización de ciertas formaciones naturales como ciertas colinas aisladas y de forma cónica que eran labradas con rampas a modo de espiral a fin de acceder a la plataforma cimera. Estas tolas servían como fortalezas en tiempos de guerra y como santuarios en tiempos de paz. En este punto debemos recordar la espiral sagrada de los guambianos, de la zona de Popayán, y su modelo tradicional del mundo. A aquellos montículos se los conoce como pucara-churos en lengua quichua.

Esta imagen la describen cronistas como Cabello de Balboa y Murúa al tratar sobre el triunfo de los incas sobre los caranquis y la batalla final, cuyo desenlace trágico fue la gran matanza que tiñó la laguna con la sangre de los muertos y por eso fue llamada Yahuar Cocha.