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Domingo 22 de marzo 2020

Capricho significa la determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original. (Diccionario de la Lengua Española, Real Academia).

Capricho, un préstamo del italiano “capriccio” que nos viene del siglo XVI cuando España ocupaba amplias regiones de Italia. Capricho es contracción de “capo”, cabeza y “riccio”, erizado, un adjetivo que quiere decir cubierto de púas u otras cosas afiladas. “El puerco espín tiene el cuerpo erizado”, ejemplifica el diccionario. Y muchos hemos suspirado con “Dicen que la distancia es el olvido, / Pero yo no concibo esa razón, / Porque yo seguiré siendo el cautivo / De los caprichos de tu corazón”. (Roberto Cantoral, “La Barca”).

Aquí van dos probables caprichos: uno del 13 de enero de 2020 y otro del 18 de marzo también del año que nos tiene en casa erizados por los caprichos del coronavirus. El capricho del 13 de enero ocurrió, curiosamente, también en Italia y nada menos que en Roma, en la embajada de Ecuador, - tapada a medias por un árbol de funesto augurio - ubicada en la Via Antononio Bertoloni 8.

Nuestro legado presentó cartas credenciales ante el presidente italiano Sergio Mattarella el 23 de enero de 2019. El segundo en la embajada es don Gustavo Palacio Urrutia, pues ocupa el cargo de ministro. El primero es político; el segundo, de carrera. Poco ha durado Palacio como consta de la Acción de Personal No 000452 del 11 de febrero de 2020 correspondiente al rubro Retorno.

La FAO es la organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Su sede, Roma, y su función principal, la puesta en marcha de acciones internacionales encaminadas a erradicar el hambre.

Palacio, por disposición del embajador, acudió a la FAO que estaba advirtiendo sobre la presencia del hongo Fusarium IV en las bananeras de Colombia y de su inminente contagio a las del Ecuador. Palacio es serio, brillante y cayó muy bien en la FAO. El embajador en sus informes al ministro de Relaciones Exteriores consigna las gestiones de Palacio. Leyéndolas, se ve que estaba satisfecho con él.

¿Dónde está el capricho? El embajador es amigo del señor Presidente Lenín y de la primera dama. ¡Capricho del embajador? ¿Capricho del Presidente? Podríamos quedarnos sin exportaciones de banano y, ciertamente, importa a la opinión pública que haya continuidad en las gestiones del servicio exterior. ¿Qué pecado habrá cometido Palacio? Habrá que entrevistarlo, pues el uno de abril debe estar en Quito. El embajador tiene que informar el porqué. A lo mejor, el capricho no ha sido sino de Palacio.

El segundo capricho es el de la alcaldesa de Guayaquil. ¿Entendió o no entendió las disposiciones del Ejecutivo sobre el virus? Si entendió, entonces, pudo más el antojo de su erizado ego. Y si no entendió, ¡pobre Guayaquil!”. Su violación de las órdenes del Presidente es grave. Debe ser castigada con severidad. Quedamos de espadachines.