María Cárdenas R.

Cangrejadas

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Viernes 27 de enero 2012
27 de January de 2012 00:01

Los países desarrollados socialmente son aquellos en los que la solidaridad es una práctica común. Seguramente, no habrá mediciones al respecto, pero es un principio necesario si se piensa no sólo en el bien propio, sino en el comunal que lleva al buen vivir, al bienestar y a un crecimiento generalizado y sustentable. Habrá que cambiar y eliminar ciertas ideas de desunión y separatismo, individualidad y desprecio que se utilizan en discursos y en la práctica misma.

Cuántas veces escuchamos que somos un país de cangrejos en el que, cuando se los mete en la olla, uno siempre está jalando al otro hacia abajo y, al fin de cuentas, ninguno sobrevive. Somos un país de cangrejos porque si nos molestamos en detener el avance de alguien, ambos, cada dos pasos que van hacia el frente, retroceden uno.

Parece un trabalenguas pero, en realidad, es una traba para el trabajo mancomunado de todo un país. Desde los malos chistes de género hasta los inmensos insultos que escuchamos a diario provenientes de quien no los debería pronunciar bajo ninguna circunstancia, causan un retroceso porque marcan una diferencia y desigualdad, ya sea de clase, género, profesión o religión. Curiosamente, es el país de todos que pertenece sólo a algunos, calificados por una ideología borrosa que da pie a muchas cangrejadas.

Con este ejemplo en lo público, en el que se actúa, sin respeto a las leyes, sino sólo con interés hacia lo propio y no lo comunal, el área privada debería reforzar la idea de la solidaridad, la unión, la búsqueda de soluciones grupales para desvirtuar esta sentencia que nos lleva a parecernos más y más a los cangrejos.

Como ejemplo, la gente que, desde lo empresarial y privado se dedica al turismo, debería unirse en un gran frente, sin intentar desvirtuar a la competencia, sino, por el contrario, brindando fuerza hasta al competidor para lograr agrandamiento general. Lo mismo en todos los campos. Esta teoría nacida de una gran empresaria, que nos comparaba con otros países, a los cuáles muchos de nuestros talentos profesionales están emigrando porque encuentran las facilidades públicas y privadas para crecer y llegar más lejos, nos invita a tener la conciencia de que la solidaridad y el apoyo, el respeto y la no difamación de personas o empresas, sólo para borrar su competencia, nos hará un gran país.

De acuerdo con ella, invito a no permitir que se desvirtúen nuestros principios, a ser solidarios y empujar hacia delante a nuestros políticos, claro, si no son muchos los futuros candidatos, porque no habrá fuerza que aguante; a nuestros competidores en el campo de la labor diaria, porque sólo nos obligará a la excelencia, a competir mejor y más fuerte, a tener más espacio. ¡Dejémonos de cangrejadas!