Gonzalo Ruiz Álvarez

Se calienta la cancha política

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Viernes 24 de agosto 2018

A falta de varios meses para el arranque de la campaña electoral que elegirá prefectos, alcaldes y concejales, en rigor el medio tiempo entre las presidenciales, se mueven las frutas.

La primera buena noticia es que, como no sucedía desde hace muchos tiempo, el Consejo Nacional Electoral no dependerá de una sola visión vertical y excluyente.

La tragedia del modelo de concentración de poder perverso que se afincó en el país es que nunca contempló la independencia de poderes, principio y sustento de una democracia, representativa o participativa.

En esa medida, varios, por no decir todos los vocales del CNE, de períodos sucesivos anteriores, se pertenecían al círculo cercano de Alianza País, o habían trabajado como asesores, funcionarios públicos y respondían a una sola línea de acción política.

En el año 2007 el país cuestionó al modelo de partidos. Se señaló al Tribunal Supremo Electoral como fuente del reparto del poder entre los partidos. Pero en verdad la integración del organismo con vocalías de los partidos y movimientos más votados, respondía a la diversidad de las corrientes ideológicas o políticas vigentes, por las que la gente sufragaba y entre unos y otros se vigilaban. Todo hasta que llegó ‘El Gran Hermano’ de la política, el amo, el supremo y único soberano. Todos los demás no sabían nada y debían borrarse del mapa.

Luego de la más reciente Consulta Popular se esbozó un modelo transitorio que, con defectos, busca rescatar la institucionalidad demolida en la década feriada.

En esa lógica los miembros del CNE transitorio tiene mucha voluntad y poco tiempo para poner las cosas en orden.

La primera alerta deberá dirigirse casa a dentro de un organismo penetrado por el aparato de un movimiento que aupó la concentración del poder y su ejercicio vertical.

La depuración del padrón, para evitar que a más de un millón de muertos registrados se les ocurra resucitar por un día y votar, es prioritaria. El otro tema es el blindaje tecnológico, con técnicos honrados y competentes para que la información digital de las elecciones y, más aún el manejo de conteos y resultados, sea transparente, sin mácula, para evitar la repetición de enojosos episodios recientes que sembraron muchas dudas sobre la pureza del sufragio.

Ahora que los partidos y movimientos buscan alianzas y definen candidaturas, ojalá que con procesos internos transparentes, el punto de partida sería una nómina de afiliados real, sin firmas falsas, y evitando que mercaderes y piratas informáticos hagan millonarios negocios y multipliquen bases de datos y registros de firmas lo que debe conferir, al inicio de esta etapa, una base de confianza indispensable.

EL CNE debe contar con auditorías técnicas, mejor si es con respaldo académico acreditado, contrastar datos, recoger pistas y explorar en los expedientes de pasadas denuncias para evitar que los vocales transitorios sean sorprendidos por vendedores de humo, aprovechadores de oficio que puedan manchar su tarea cívica vital.