Un candidato serrano

Frente a tantos candidatos costeños –algunos egoístas y obscenos – debe surgir ya un candidato serrano con opción de clasificarse a la segunda vuelta. Él debe ser un líder honesto y competente para ser jefe de Estado en el momento más crítico de nuestra historia económica y social. No hay duda que las dos regiones más importantes del país tienen características diferentes: sociológicas, económicas, políticas, que determinan visiones distintas y comportamientos diferentes en contextos históricos y geográficos particulares, pero cuya convivencia afortunadamente complementaria nos ha permitido subsistir como un país unitario.

Hacer una síntesis virtuosa de las dos visiones producirá un enfoque nacional que no tenga nada que ver con el odioso regionalismo acomplejado, porque debe imperar el racionalismo por sobre posiciones extremas. En el mundo hay ejemplos de gobiernos izquierdistas que han adoptado eficazmente medidas derechistas como China, Vietnam, Portugal y Grecia y de gobiernos derechistas que logran aplicar una fiscalidad justa con la colaboración de los dueños del capital. Y a estos países les ha ido bien pues se han desarrollado en forma sostenible a base de un trabajo arduo y consistente.

El Ecuador necesita conocer pronto quienes pueden ser candidatos viables y serios para que el Gobierno pueda consultarles sus opciones de políticas públicas y tomar decisiones consensuadas, por ejemplo respecto a las negociaciones difíciles con China y un acuerdo de mediano plazo con el FMI, desde una posición débil porque necesita dólares desesperadamente, una vez que los acreedores de los bonos están satisfechos con la oferta ecuatoriana.

En un panorama desolador con candidatos insignificantes hay lugar para un candidato nuevo, un líder que sin pertenecer a partido político alguno pueda penetrar en la opinión nacional, demostrando que está preparado para enfrentar las dificultades y complejidades del Ecuador. Quizá la mayoría de los votantes piensen bien y participen en el debate político en función de contener el empobrecimiento masivo y la formalización del empleo para que los trabajadores informales disminuyan y la recuperación se sustente de lleno en la digitalización de nuestros niños y jóvenes para que teletrabajen, so pena de caer en un populismo contraproducente como Venezuela.

Debe haber un líder que convoque a equipos de trabajo de gente competente y de honestidad creíble, que a su vez hayan hecho algo importante en el campo social y económico, para poder gobernar el destino de 17 millones de personas. Debe ser un personaje en el que se pueda confiar en su palabra, que sea capaz de hacer bien las cosas difíciles, sin demagogia clientelar sino enfrentando con coraje político los obstáculos para hacer lo que hay que hacer. Cuando el barco se está hundiendo necesitamos un capitán capaz, experimentado y sapiente, no un voluntario bisoño y mentiroso.

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