24 de February de 2011 00:00

Cáncer

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Alexandra Kennedy-Troya

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No soy una experta en el tema, soy una paciente común y corriente rodeada de personas que tienen o han tenido cáncer y que buscan desesperadamente enfrentarlo de la mejor manera. Las más acatan los procedimientos de la actual medicina occidental: extracción de los órganos comprometidos, si es del caso, radioterapia y/o quimioterapia. Algunos buscan curarse con medicina alternativa proveniente de Oriente, acupuntura, medicina integral, natural, dieta ayurvédica u otras. Pocos, al parecer, muy pocos, escogen combinar ambas. La mayoría que recibe tratamientos agresivos y depresivos como la quimioterapia, se queda en eso, en dejarse tratar a nivel físico ya que lo psíquico va por cuenta y riesgo del propio paciente. Los seguros de salud –negocios redondos que lo menos que les importa es la salud del enfermo- no cubren ni la medicina preventiva ni la curación alternativa, peor aún la terapia psicológica. De estas no se lucra. Hospitales, seguros y farmacéuticas están fuertemente protegidos para que el negocio sea redondo. Lamentablemente muchos médicos han caído en el mismo circuito de rentabilidad.

Si consideramos, como sería lógico, que el cuerpo y la mente están íntimamente vinculadas entre sí, que cada órgano trabaja organizadamente con el resto y que tanto la mente como el espíritu se retroalimentan y comunican con el cuerpo, estaremos de acuerdo con un principio elemental: no se puede curar por partes. La toxicidad en el agua o la carne de res, la presión de situaciones laborales inestables, la falta de ejercicio, la soledad, así como la alimentación rica en grasas y azúcares, deben influir en el todo, deben afectarlo todo. El cáncer es consecuencia de abusos tanto endógenos como exógenos. Su curación debe ser mirada integralmente y tanto la medicina occidental como la oriental tienen mucho que ofrecer.

Estos elementales principios los descubrí intuitivamente muy temprano y busqué la correspondiente literatura que me permitiera dar una base más científica y racional a lo que iba sintiendo. Así debía ser, yo también era parte de esta cultura que necesita “pruebas fehacientes”.

Debía haber formas más sencillas y poco costosas de prevenir o curar esta cruel enfermedad del siglo. Hace poco cayó en mis manos una obra maravillosa que recomiendo a mis lectores: ‘Anticáncer. Una nueva forma de vida’ de David Servan-Schreiber (Espasa), médico francés que padeció de un tumor cerebral y que ahora vive curado de forma distinta.

Nos explica de forma asequible y sentida el vivir el cáncer y la necesidad de cambiar de hábitos alimenticios, sobre todo antiinflamatorios que previenen que este se instale en zonas de riesgo o que literalmente mate las células cancerígenas, amén del ejercicio, la meditación o el yoga. Nos invita a pensar diferente.

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