Ernesto Albán Gómez

Una o dos cámaras

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Martes 06 de agosto 2019

Un respetable grupo de ciudadanos propone una significativa reforma constitucional: el restablecimiento del senado como una segunda cámara del poder legislativo. Conviene reflexionar sobre la propuesta.

Hay quienes sostienen que la institución del senado nació en Inglaterra con la arcaica Cámara de los Lores. Realmente nació al aprobarse la constitución de los Estados Unidos, pues la Cámara de los Lores tiene otro origen, otra composición, otro funcionamiento, que la diferencian sustancialmente de cualquier otra institución política.

En Estados Unidos el senado tuvo el objetivo fundamental de integrar a los estados que conforman la unión, dentro del sistema federal adoptado en la constitución. Por eso los senadores son dos que representan a cada estado, sin tomar en cuenta la población de cada uno. Además la constitución atribuye al senado poderes específicos: confirmación de nombramientos, decisión en juicios políticos (impeachment), aprobación de tratados, manteniendo su intervención en el trámite de las leyes. La otra cámara (The House), la de representantes, es la que representa, valga la redundancia, a la población de cada uno de los estados.

Cuando, a principios del siglo XIX, las naciones latinoamericanas se independizaron adoptaron el modelo norteamericano de dos cámaras y algunos países (México, Brasil, Argentina, Venezuela) intentaron un sistema federal, que nunca llegó a cuajar.

En la historia del Ecuador, aunque sin visos de federalismo, ha predominado el sistema bicameral. Pero la Constitución de 1979 implantó el unicameralismo que rige hasta ahora y que se propone reemplazarlo.

Me surgen algunas preguntas. La primera y obvia: en la experiencia histórica del país ¿se puede afirmar si, con dos cámaras, el conjunto del aparato estatal, y especialmente el Congreso, funcionaba con mayor eficiencia, se respetaba la independencia de las instituciones, los derechos humanos estaban mejor garantizados, etc.,etc.? Y si la respuesta fuere positiva, habría que repreguntar si tal cosa ocurría porque había un senado, o más bien por otras circunstancias históricas y sociales que han desaparecido. Por lo cual, en la actual situación de la sociedad y del país, ¿podríamos esperar, con la restitución del senado, un mejor desempeño de las instituciones? Esa es la pregunta crucial. En verdad no tengo respuesta.

Otras cuestiones deberían analizarse. Señalo dos. En la integración del senado ¿se retornaría a la representación provincial, dos senadores por provincia, como fue anteriormente? ¿o podría ensayarse la fórmula colombiana: una lista nacional? ¿Ventajas y desventajas? Lo segundo y más importante: ¿qué funciones exclusivas se asignarían a esta cámara: revisión de los proyectos de ley aprobados por la otra cámara, nombramientos, intervención decisoria en los juicios políticos, aprobación de tratados?
Curiosamente estaríamos adoptando una fórmula similar a la del senado de los Estados Unidos.