Carlos Jaramillo

Lo bueno y lo malo…

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Sábado 15 de septiembre 2012
15 de September de 2012 00:01

Con el propósito de dar mayor seguridad y comodidad a los espectadores del estadio Atahualpa, el Cabildo Metropolitano hizo numerar las localidades y tomó medidas para que se respeten los senderos de acceso a los asientos, lo cual merece felicitaciones.

Pero con ello se redujo a 35 742 puestos (incluidos los miles de ‘pavos’ que ingresan gratis) la capacidad de ese escenario deportivo, construido por la Municipalidad e inaugurado el 25 de noviembre de 1951, por el alcalde José Ricardo Chiriboga. Para entonces era considerado un ‘elefante blanco’, por su distancia y enormidad… En cambio, en la actualidad resulta pequeño, ante lo cual el Cabildo ya tiene que incluir en su programa de obras prioritarias la ampliación y mejoramiento que se viene gestando desde hace algunas décadas, para lo cual se cuenta con el espacio necesario.

El Ayuntamiento tiene entre sus postulados el apoyo al deporte, pero no ha ocurrido eso en el caso de la pista de bicicrós, construida y equipada con el peculio y trabajo de un reducido grupo de padres de familia, en un lote cedido por el Municipio, ubicado en una esquina del Parque Metropolitano, avenida Simón Bolívar y Granados, donde los deportistas quiteños han obtenido éxitos a nivel nacional e internacional y se preparan para eventos en el exterior, en los que, así mismo, han alcanzado magníficos triunfos. En vez de brindar su ayuda para las obras requeridas, como hacen los organismos seccionales de otras capitales de provincias, más bien ha decidido cambiarles dicho terreno para construir allí un estacionamiento, que bien puede hacerlo en otro lugar. Dinero y esfuerzo desperdiciados.

El Municipio tuvo la acertada iniciativa de soterrar los cables de electricidad, teléfonos etc, que tan mal aspecto causan y constituyen un peligro. Los trabajos se iniciaron en la zona comprendida entre las avenidas 6 de Diciembre y Shyris, del norte de la ciudad y se extenderán paulatinamente a toda la capital.

Es una obra compleja y necesaria, que causa múltiples molestias a los vecinos y al tránsito, pero si se toma en cuenta el costo-beneficio, valen la pena las dificultades y la inversión. Los primeros resultados se aprecian ya en la avenida República del Salvador. Lo malo es que parece que no hay la debida planificación y los trabajos se ejecutan con lentitud y en algunos casos se los deja a medio hacer. Otro problema es la falta de señalización para advertir los peligros existentes por zanjas y profundos huecos y por la presencia de materiales en la vía, lo que ha dado lugar para que sufran caídas varias personas, con las consiguientes lesiones.

Una sugerencia: que se establezcan tramos o etapas para la ejecución de los trabajos y que una vez que hayan concluido en cada uno de ellos se inicien en el siguiente.