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Buena vida

Sumak kawsay (sumak kawsana) tiene dos significados. Uno que quiere decir algo así como un “viva la vida”, es decir, no trabajo y vivo de los bonos, me gasto la platita, me la bebo, me dedico al ja ja ja, me paso por sobre el vecino con tal de conseguir lo que quiero, o mejor: me vuelvo funcionario y viajo en carro, con chofer, con buen salario y buenos viáticos y de repente, hasta guardaespaldas’ y me doy la buena vida. Otro es el significado (sumak kawsana), relacionado con vivir bien, cómodamente, en igualdad de condiciones, en libertad, ejerciendo derechos, aplicando los valores de solidaridad, reciprocidad, complementaridad, recibiendo buena educación y buena salud, viviendo en paz y en armonía.

Digamos que le pasa al sumak kawsay lo que les pasa a muchos de los términos tan de moda, pero tan vaciados de contenido: tenemos derecho a la resistencia cuando nos resistimos’ a la oposición; podemos “revocar” (o botar) a mandatarios’ siempre y cuando no sean los actuales; defendemos la libertad de expresión siempre y cuando lo que se exprese esté de acuerdo con mi punto de vista; defendemos los derechos de la naturaleza siempre y cuando estos no se opongan a la minería y al petróleo. Tanto los defendemos que cambiamos los mapas y achicamos los parques nacionales o nos hacemos los de la vista gorda frente a la existencia de empresas que operan dentro de ellos.

Nos negamos a calificar a los grupos armados irregulares de los vecinos como terroristas pero casa adentro tenemos 286 personas procesadas por terrorismo y sabotaje, incluidos 72 dirigentes indígenas y un revoltoso universitario. Nos llamamos demócratas pero no soportamos que nos contradigan, nos ponemos molestos, agresivos, insultamos y hasta mentamos a la madre (recomiendo leer los comentarios bajo los blogs que publica este diario) en debates inútiles e intestinos.

A la resistencia se le ha quitado su significado. Igual a la democracia. A la justicia. A la oposición (ahora conspiración). Las palabras se vuelven solo retórica. Los contenidos han sido vaciados: la justicia no parece muy justa, la seguridad ciudadana no está tan segura, la participación ciudadana de participativa tiene bien poco, la independencia de poderes no es tan independiente, la democracia no es muy democrática. La tolerancia es intolerante Y el buen vivir, tan manido, se vuelve un vivir más o menos, un sobrevivir y, sigue siendo, en muchos sectores, nada más que un mal vivir. ¿Será posible dotarles nuevamente de significado a las palabras? ¿Será posible pasar del “viva la vida” a ese buen vivir que tanto se predica en foros académicos, en discursos y en la propaganda?

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