22 de September de 2010 00:00

Bombos y platillos

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Patricio Quevedo Terán

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Con bombos y platillos, disparos al aire, presumiblemente generosos brindis de tequila, bastante ají picante y las canciones de Paulina Rubio, México recordó el bicentenario de la proclamación de su independencia política. Hasta el presidente Felipe Calderón creyó necesario justificar los doscientos y más millones de dólares gastados en tales celebraciones.

¡Entendámonos!: trece meses antes, Quito fue la primera ciudad de Latinoamérica donde se desconoció a las autoridades españolas y se las reemplazo con una Junta Autónoma de Gobierno, presidida por el marqués de Selva Alegre. De ahí el título de ‘Luz de América’ tanto por la precisión de los conceptos que se manejaron, cuanto por la ejemplar solidaridad de todos los grupos sociales -clérigos, artesanos, funcionarios, líderes barriales que diríamos ahora.

Luego brotaron nuevas Juntas en otras ciudades como Caracas, Buenos Aires, Bogotá de acuerdo con un mecanismo de contagio que no ha sido suficientemente estudiado ni aclarado, pero lo que sucedió en México, en el virreinato de Nueva España fue definitivamente otra cosa.

Con su habitual maestría para resumir procesos muy complicados, el historiador peruano y ex rector de la Universidad de San Marcos, Luis Alberto Sánchez, lo puntualizó así: las conspiraciones de Querétaro habían adquirido un ritmo más vivo. Por cierto el centro de todo era Miguel Hidalgo y Costilla, educado en Valladolid; clérigo sexagenario, de considerable cultura; versado en lengua francesa, de la que había hecho varias traducciones; aficionado de las letras clásicas; astuto, apasionado y fervoroso del indio de su país. Era cura de Dolores, en Guanajuato y, por su astucia le llamaban ‘el Zorro’. Hombre apostólico, sus palabras conmovieron personajes, como los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldana. Entretanto había llegado a Nueva España, un nuevo virrey, Venegas, y la situación se tornaba difícil a causa de la disparidad de opiniones sobre el contenido constitucional de la administración, debido a los dramáticos suceso de la Metrópoli.

Se hallaba ya muy avanzada la conspiración que dirigía Hidalgo, cuando supo que alguien lo había delatado. No titubeó un instante el ardiente patriota. Tomando la delantera, el 16 de Septiembre de 1810, cuando se hallaba en su iglesia, subió al púlpito y desde allí pronunció una arenga incitando a los feligreses para desconocer la autoridad de España, exaltando sentimientos nacionales, de raza y de odio a los peninsulares. A los gritos de ‘Viva Nuestra Señora de Guadalupe’ y ‘Abajo los gachupines’ como apodaban a los españoles, se inició la rebelión.

El contagio fue súbito, ganaron sus primeras batallas, desde Guanajuato hasta las puertas de la capital del virreynato. Pero Hidalgo cometió un grave error: la indecisión; fue excomulgado, permitió excesos de los indios y finalmente vencido, sufrió pena de muerte.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)