Estado de bienestar

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Viernes 14 de junio 2019

ROGER E.A. FARMER
Project Syndicate

El valor actual del pasivo del fisco estadounidense por pensiones no financiadas y Medicare asciende a USD 46,7 billones, o sea aproximadamente dos veces y media el PIB de los EE.UU. Otras estimaciones hablan de una cifra mucho mayor.

En el Reino Unido, un cálculo similar del Adam Smith Institute arroja 1,85 billones de libras (2,34 billones de dólares), una verdadera “bomba de tiempo de deuda oculta”. Y la situación en Suiza, Francia, Bélgica, Alemania, Austria y España es casi igual. Parece que a todas las economías avanzadas les esperan problemas de finanzas públicas en el futuro.O tal vez no.

¿Y si el famoso “almuerzo gratis” existiera? ¿Si hubiera un modo de recaudar dinero para financiar programas de bienestar social como las pensiones y la atención de la salud sin aumentar los impuestos? De hecho, ese modo existe: consiste en que los ministerios de hacienda nacionales creen fondos para la atención social, financiados mediante deuda pública a intereses bajos, para invertir en bolsa. Un estudio que analizó un siglo de datos de 16 economías avanzadas halló una diferencia promedio del 6,96% entre la rentabilidad de las acciones y la de los títulos públicos; y en forma notablemente coherente para todos los países. El menor diferencial lo tiene Dinamarca, con 3,8%, mientras que Japón tiene el más grande, un asombroso 9,89%.

Hay cierta evidencia de que en años recientes el diferencial ha sido un poco menor, así que vayamos a lo seguro y supongamos que será aproximadamente 4% durante los próximos 50 años. Esto implica que los gobiernos pueden endeudarse a una tasa 4% inferior al nivel de rentabilidad del mercado de acciones. ¿Cómo es posible, y por qué ningún inversor rico arbitró esa diferencia en su provecho? Parte de la respuesta está en que la finalidad de los mercados de acciones es hacer posibles intercambios entre diferentes tipos de personas, y en particular permitir a los jóvenes ahorrar para su vejez. Este punto de vista implica que la volatilidad de los mercados no tiene nada que ver con los fundamentos económicos, sino con las expectativas de los inversores, que se lanzan a comprar y vender acciones siguiendo oleadas de optimismo y pesimismo. La volatilidad existe porque casi todas las personas con las que usted y yo comerciaremos en los mercados financieros todavía no han nacido.

En mi libro Prosperidad para todos, lo llamo “ausencia de contrato prenatal”. Supongamos, en forma contra fáctica, que ese contrato existiera. En este mundo de fantasía, los que todavía no han nacido comprarían títulos que les redituarían una ganancia si la economía después de nacer anduviera mal y les supondrían una deuda si anduviera bien. Aunque parezca extraño, la misma existencia de esos intercambios eliminaría la volatilidad de los mercados. Pero en la realidad, los mercados de activos son volátiles porque los que todavía no han nacido no pueden aprovechar esas oportunidades de arbitraje.